Burlas sobre la prueba de EEUU del Nord Stream: un pasaporte
¿Basta un pasaporte para identificar a quien vuela un gasoducto? Es la pregunta que sobrevuela el mensaje, compartido en el hilo, de que
Estados Unidos está dispuesto a presentar ante el Consejo de Seguridad de la ONU las pruebas sobre la destrucción de los gasoductos Nord Stream. La pieza que circula, en tono de burla, como gran hallazgo es, precisamente, un documento de identidad. Y el efecto ha sido el contrario al buscado: en lugar de cerrar la investigación, ha reabierto el manual de instrucciones del siglo XXI, ese en el que los papeles sobreviven a las explosiones mejor que las propias tuberías.
La secuencia tiene su lógica interna. Primero se anuncia que existen pruebas. Después aparecen los documentos. Y al final nadie explica por qué el objeto menos resistente del escenario es siempre el único que llega intacto.
Casualidades, dirá alguno.
El patrón del pasaporte intacto que ya vimos el 11-S
La comparación con los atentados de Nueva York no es un capricho de sobremesa. Según el relato recogido en la documentación que se cita al respecto, el pasaporte de uno de los autores fue
recuperado por el detective Yuk H. Chin de un transeúnte con traje, de unos 30 años, que se marchó antes de ser identificado, mientras caían escombros de la Torre 2. La torre colapsó poco después. El mismo día, el detective entregó el documento al FBI; el informe de la entrevista está fechado el 12 de septiembre de 2001.
El detalle que se repite en las burlas: cientos de toneladas de hormigón y acero reducidas a polvo, combustible ardiendo durante semanas,
y un pasaporte de papel en perfecto estado. La broma recurrente lo resume sin piedad: las cajas negras no aparecieron, el pasaporte sí.
Que el molde se repita, en el chiste, con tanta fidelidad —el mismo tipo de documento, en el mismo estado imposible, cumpliendo la misma función narrativa— es lo que ha desatado las burlas en el hilo. No hace falta ser experto en explosivos para saber que el papel no le gana la partida a una onda de choque. Hace falta, más bien, lo contrario.
De dónde sale el documento y cómo llegó hasta ahí
Sobre la cadena de custodia del hallazgo no hay nada firme. Lo que circula es una explicación entre irónica y fantástica: los documentos habrían sido recogidos por helicópteros del
USS Kearsarge, buque que, según esa misma versión, se encontraba casualmente por aquellas aguas. Nadie ha confirmado semejante operación, ni quién la habría ordenado, ni en qué punto apareció el pasaporte.
El resto del inventario que acompaña a la broma —una botella de vodka, una matrioska flotando, canciones típicas rusas— funciona como termómetro. Cuando el material probatorio se convierte en chiste, la discusión pública ha dejado de discutir pruebas y ha empezado a discutir credulidad. Y ese desplazamiento, en un asunto con consecuencias energéticas para media Europa, no es un detalle menor.
La otra prueba que se cita: unas declaraciones de 2014
En el mismo saco aparece un argumento que sí tiene fecha y nombre, aunque llega a través de un enlace compartido en el hilo: una intervención de
2014 de la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice sobre los planes para sustituir la dependencia energética europea de Rusia por la estadounidense. Es el tipo de dato que se usa para hablar de motivos, no de autoría. Tener un interés en un resultado no equivale a haberlo provocado, y confundir las dos cosas es exactamente lo que permite que una investigación no avance nunca.
Con esos mimbres, el foco se ha desplazado del fondo del Báltico a la credibilidad de quien exhibe la prueba. Encuestas no hay. Chistes, unos cuantos.
Documentos que aparecen donde no deberían aparecer
La tradición viene de lejos. En el hilo se recuerda también que en la investigación del caso Alcàsser apareció, en el paraje donde habían sido halladas las víctimas, un volante de la Seguridad Social a nombre de uno de los sospechosos.
No es que los papeles no puedan sobrevivir. Es que sobreviven selectivamente, siempre en la dirección que interesa al relato. Un documento identificativo que aguanta un derrumbe, una inmersión o una explosión submarina deja de ser un objeto y pasa a ser un guion. Y cuando eso ocurre de forma repetida, cualquier lector con dos dedos de frente empieza a descontar antes de que le expliquen nada.
Si el criterio para resolver el sabotaje de los gasoductos es que el documento aguanta mejor que la tubería, la investigación está resuelta. Solo falta encontrar la matrícula del coche.