Por qué sí tenemos que preocuparnos por el éxito de la extrema derecha alemana (Agustín Valladolid en Vozpópuli)

Por qué sí tenemos que preocuparnos por el éxito de la extrema derecha alemana (Agustín Valladolid en Vozpópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El éxito electoral de la extrema derecha alemana no es solo un reflejo del descontento social, sino que también se entrelaza con la ambiciosa reestructuración militar del país, planteando interrogantes sobre su control y liderazgo futuro.

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El éxito electoral de la extrema derecha alemana no es solo un reflejo del descontento social, sino que también se entrelaza con la ambiciosa reestructuración militar del país, planteando interrogantes sobre su control y liderazgo futuro.

El descontento en la vieja Alemania del Este

El reciente éxito electoral de la extrema derecha alemana en Sajonia-Anhalt no se explica únicamente por la inmigración o la guerra cultural. Aunque estos factores influyen, la raíz del problema parece ser más profunda y se ancla en el persistente desencanto de los estados que conformaron la antigua República Democrática Alemana. Casi cuatro décadas después de la caída del Muro de Berlín, estas regiones siguen rezagadas en comparación con las zonas más prósperas del país. Las cifras hablan de un paro más elevado, salarios más bajos y una inversión insuficiente. A esto se suma una crisis industrial, especialmente en el sector automotriz, que presagia cambios significativos y que podría ser el detonante de una tormenta perfecta. La población extranjera en Sajonia-Anhalt, que apenas representa el 9% del total, muy por debajo de la media alemana del 20%, sugiere que la xenofobia no es el motor principal de este voto.

Un giro estratégico hacia el rearme

Paralelamente a este panorama de descontento, Alemania ha emprendido un giro histórico en su política económica y de seguridad, conocido como el Zeitenwende o cambio de era. Ante las debilidades de su industria automotriz y la creciente inestabilidad geopolítica, el gobierno alemán ha decidido destinar una suma considerable a Defensa: 783.800 millones de euros entre 2026 y 2030. Este ambicioso plan busca compensar décadas de desinversión militar y potenciar una transición hacia la autosuficiencia tecnológica y el rearme. La hoja de ruta es clara: para 2029, se priorizará la inversión en startups de defensa y el aumento de efectivos. Para 2035, se prevé una expansión masiva en tierra, mar, aire y ciberespacio, alcanzando los 460.000 efectivos entre soldados y reservistas. A partir de ese año, el objetivo es liderar innovaciones futuras impulsadas por la inteligencia artificial militar.

El riesgo de un poder descontrolado

La doctrina oficial habla de reconfigurar el tejido productivo, pero la lectura subyacente apunta a convertir a Alemania en la primera potencia militar de Europa occidental, duplicando el número de militares de Francia y triplicando el de Reino Unido. Esta imponente maquinaria de defensa, cuyo control podría, en un futuro no muy lejano, caer en manos de ciudadanos cada vez más descontentos con el sistema, plantea un riesgo real. La preocupación trasciende las fronteras alemanas, generando inquietud en países como Francia, Inglaterra o Bélgica. Este avance de la ultraderecha germana, lejos de ser una amenaza fantasmagórica, se nutre de la negación de la realidad por parte de los partidos tradicionales, que a menudo practican políticas erráticas e irresponsables. El caso de Ceuta, con una gestión gubernamental cuestionada por su incompetencia y falta de liderazgo, se presenta como un ejemplo dramático de cómo la inacción y la mala praxis política pueden abonar el terreno para el crecimiento de los extremos.

Datos clave
  • El gasto militar de Alemania se incrementará hasta el 5% del PIB en 2035.
  • El objetivo es alcanzar 460.000 efectivos militares para 2035.
  • El Zeitenwende prevé una inversión de 783.800 millones de euros en Defensa entre 2026 y 2030.
  • La población extranjera en Sajonia-Anhalt es del 9%.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Por qué sí tenemos que preocuparnos por el éxito de la extrema derecha alemana​

12/09/2026

Agustín Valladolid-Vozpópuli​

  • Tras los resultados en Sajonia-Anhalt, no es descartable que el ‘Zeitenwende’, el cambio de era diseñado por Merz, lo acaben gestionando los ultras

Esto no es una réplica a Víctor Lenore. Aunque reconozco que ha sido su columna, “Por qué no hay que temer al triunfo de AfD”, la que me ha incitado a meterme en este jardín lleno de ortigas. Víctor analiza acertadamente las causas del espectacular resultado obtenido por la AfD en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, pero no se queda ahí. Afirma que las “formaciones llamadas neofascistas son el nuevo centro sensato” y nada dice acerca de sus potenciales riesgos. Vayamos por partes.

Como también recordaba aquí Luis Algorri, la población extranjera en ese länder solo representa el 9% de la población, muy lejos de la media alemana, que supera el 20%. No parece que el choque migratorio y la guerra cultural, sin duda también factores a tener en cuenta, hayan sido el principal motivo por el que los sajones hayan votado en masa a la extrema derecha. Más bien estamos ante el funesto desenlace de un sostenido proceso de desencanto.

Sajonia es uno de los cinco estados que formaron parte de la República Democrática Alemana, y que hoy, casi 37 años después de la caída del muro de Berlín, siguen a remolque, lejos aún de salvar la brecha que los separa de las regiones más prósperas: paro más elevado, menores salarios, bajas inversiones, éxodo de los jóvenes y crisis industrial vinculada en buena parte a la del sector automotriz. Y es precisamente esta última variable, la crisis del automóvil, por la mutación que presagia, la que amenaza con desencadenar la tempestad.

El mayor ejército de Europa occidental​

Hay quienes ven en el éxito de la AfD el cuestionamiento de la democracia liberal, y no sin razón. También están los que alertan sobre la vocación antieuropea de este tipo de formaciones, y no faltan aquellos que interpretan el avance de la ultraderecha germana como un serio aviso que anticipa el riesgo de un retorno al pasado más oscuro. Cierto, ese riesgo existe, pero tiene menos relación con lo ocurrido en el pasado que con la gestión del futuro.

Alemania ha puesto en marcha un giro histórico e inédito en su política económica y de seguridad. El Zeitenwende o cambio de era. Ante las debilidades estructurales de su industria automotriz, y la creciente inestabilidad geopolítica, el Gobierno alemán decidió destinar un total de 783.800 millones de euros a Defensa entre 2026 y 2030. Esta inyección masiva de dinero busca compensar tres décadas de desinversión militar e impulsar una fuerte transición hacia la autosuficiencia tecnológica y el rearme.

En 2025 Alemania pasó del 2,5% al 4% del PIB en gasto militar y su objetivo es alcanzar el 5% en 2035. La hoja de ruta diseñada por Berlín, según la información facilitada, tiene tres fases: hasta 2029, inversión en Startups de Defensa, maximizar la resistencia del ejército y escalar el número de efectivos; hasta 2035, expansión estructural masiva en tierra, mar, aire y ciberespacio, llegando a los 460.000 efectivos, entre soldados y reservistas; a partir de 2035, liderazgo en innovaciones futuras impulsadas por Inteligencia Artificial militar.

La doctrina oficial habla de reconfigurar el tejido productivo. La oficiosa de convertir a Alemania, en muy poco tiempo, en la primera potencia militar de Europa occidental, duplicando en número de militares a Francia y triplicando al Reino Unido. La lectura de fondo muestra, en línea con el título de esta columna, una imponente maquinaria de defensa y cuyo control, en un futuro próximo, nadie garantiza que unos ciudadanos cada vez más enojados con el sistema no terminen depositando en manos, digamos, poco apropiadas; muestra el peligro, efectivamente cierto, de reabrir un capítulo de la historia del viejo continente que parecía definitivamente cerrado.

Negación de la realidad​

Hasta dónde llegará la preocupación por el terremoto electoral de Sajonia-Anhalt, y por sus futuras consecuencias, que ni siquiera la líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, ha felicitado a los que fueron sus socios hasta 2024, la AfD. Alemania vuelve a dar miedo. En Francia, en Inglaterra, en Bélgica, y hasta en Suecia, pasan cosas que dan miedo. Y no es esa fantasmagórica internacional ultraderechista la culpable; más bien es la beneficiaria de la política de negación de la realidad que por razones electoralistas vienen practicando los partidos tradicionales.

En España, por más empeño que ponga la propaganda oficial en convencernos de lo contrario, los nostálgicos del franquismo son cuatro gatos. El 90% de los que han votado o van a votar a las formaciones ultras ni tienen en su casa la foto de Franco ni guardan en un cajón la bandera con el aguilucho. ¿Qué les empuja entonces a optar por las opciones más radicales?

No hay una única respuesta a esta pregunta, pero lo ocurrido en Ceuta, y todavía más la situación que siguen viviendo los ceutís, son el más dramático e ilustrativo ejemplo de la responsabilidad que en esa inquietante pogre de los extremos tiene una política errática, irresponsable y que, agravada por una colosal incompetencia, es la que en mayor medida abona las expectativas de la ultraderecha.

La cita del sábado: zombis gubernamentales

(Estreno esta sección de los sábados con ese párrafo de mi admirado profesor Rafael Jiménez Asensio: aquí el artículo completo).


“Gracián, en su obra El Político, expuso que ‘la capacidad es el fundamento de la política. La incapacidad crea monstruos’. Ceuta es uno de ellos. Ha sido creado, en efecto, por zombis gubernamentales que, anulados por el calor, por su incompetencia o por pactos ocultos, en plena vacancia estival y sin liderazgo ni coordinación efectivas, han dado la imagen de no saber qué hacer con sus atribuciones. La soberanía estatal y el ejercicio de sus funciones no vacan. El Estado, salvo que se quiera regresar a la España sin pulso de Silvela, no admite interrupciones en su funcionamiento. Menos cuando hay una gran crisis”.
 
Sinceramente creo que ese temor es infundado y exagerado.

Lo que sucede es que desde que la ventana de Overton se desplazó, los conceptos de izquierda y derecha hay que tomarlos con pinzas. En España no hay ultraderecha y sí una izquierda muy extrema, pero es lo que la prensa se niega a decir en voz alta.
 
La ultraderecha no paga igual de bien a los sincronizados, o directamente no paga. El temor es ese.
 

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