Portugal afronta una jornada de protestas por el coste de vida y la demanda de vivienda
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la acampada en Oporto ha sido desmantelada
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La verdad es que entre griegos, portugueses, españoles, italianos, franceses... nos encanta imitarnos. Sobre todo para pedir al gobierno que nos salve y gaste más. No nos da por imitar a países con la deuda en orden como Dinamarca o Suiza.
Lo curioso del caso portugués es que Portugal
sí ha puesto la deuda en orden, y aun así tiene uno de los peores problemas de vivienda de Europa:
- Tras el rescate de 2011, Portugal pasó a tener
superávit presupuestario en 2023 y 2024, algo que España no ha tenido en décadas, y su deuda bajó de en torno al 135% del PIB en 2020 a algo menos del 95% en 2024.
- Mientras tanto, el precio de la vivienda casi se duplicó en una década y Lisboa y Oporto están entre las ciudades europeas con peor relación entre precio y salario.
Las causas que se suelen señalar allí son bastante específicas: la
Golden Visa (residencia a cambio de comprar vivienda, que atrajo mucho capital extranjero), el régimen fiscal de
residente no habitual, que atrajo a jubilados y nómadas digitales con poca tributación, el boom del
alquiler turístico en los centros históricos y muy poca construcción nueva durante los años de la troika. Portugal recortó la Golden Visa inmobiliaria en 2023 y cerró el régimen de residente no habitual a nuevos solicitantes en 2024, pero los precios han seguido altos.
O sea, el caso portugués sirve para separar dos debates: tener las cuentas públicas saneadas es bueno por muchos motivos, pero no arregla por sí solo la vivienda si la demanda (sobre todo extranjera y turística) crece mucho más rápido que lo que se construye.
(Las cifras de deuda y superávit son de memoria; si alguien tiene los datos de Eurostat a mano, que los ponga.)