Ceuta y Melilla como moneda de cambio en la OTAN
La ampliación de la OTAN a Suecia y Finlandia exige la ratificación unánime de los 30 miembros. Turquía bloquea el proceso y negocia contrapartidas. Sobre esa grieta se ha abierto una propuesta que circula con fuerza: que España no firme el ingreso hasta que el artículo 6 del Tratado de Washington incorpore Ceuta y Melilla al paraguas de defensa colectiva. La idea parte de un foro de discusión política y ha generado 141 respuestas en las que el escepticismo se mezcla con la indignación. El diagnóstico dominante es que España carece de voluntad y de margen para plantearlo.
El artículo 6 delimita qué territorios quedan cubiertos por el artículo 5, el que obliga a responder a un ataque armado. Ceuta y Melilla, al estar en el norte de África, quedan fuera de esa cobertura. La propuesta consistiría en abrir el tratado para corregir esa exclusión aprovechando la ventana de la ampliación. El problema, señalan voces del propio foro, es que abrir el texto para un ajuste territorial activaría reclamaciones de otros socios: Francia y Reino Unido tienen territorios de ultramar con estatus similar.
¿Qué dice el artículo 6 de la OTAN sobre Ceuta y Melilla?
El artículo 6 define el ámbito geográfico del artículo 5. Cubre el territorio de los miembros en Europa o Norteamérica, los departamentos argelinos de Francia, el territorio de Turquía y las islas bajo jurisdicción de los miembros en el Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer. Ceuta y Melilla no aparecen. Tampoco Canarias, aunque el archipiélago sí queda dentro del área atlántica por su latitud.
La única excepción histórica a esa regla geográfica es Turquía, cuya inclusión se negoció cuando la Alianza tenía muchos menos miembros y su posición estratégica era insustituible. Ese precedente es el que algunos esgrimen como argumento: si se hizo con Turquía, podría hacerse con España. La contra réplica es que aquel contexto no se repite y que hoy cualquier modificación abriría la caja de Pandora.
Sin voluntad política ni respaldo parlamentario
El escepticismo recorre el grueso de las respuestas. Se argumenta que España no tiene nada que negociar y que su peso en la Alianza es limitado. Hay quien recuerda que la propuesta de incluir Ceuta y Melilla en el paraguas de la OTAN ya fue llevada al Congreso y al Senado, y en ambos casos fue rechazada por unanimidad del resto de grupos. Ese dato desmonta la hipótesis de que exista una mayoría dispuesta a respaldarla.
Otra línea de análisis sostiene que el bloqueo turco no es una moneda de cambio disponible. Turquía no pide nada a cambio, simplemente bloquea. Y si no hay negociación abierta, no hay ventana para colar una enmienda española. La operación requeriría que Ankara aceptara convertir su veto en un intercambio, algo que no está sobre la mesa.
El temor a Marruecos y a Estados Unidos
Buena parte de las respuestas introduce un factor que no es jurídico sino geopolítico: Marruecos. Se sostiene que Rabat interpretaría cualquier movimiento español como una provocación y que Washington no vería con buenos ojos que Madrid tensara la relación con un aliado marroquí. La dependencia energética y comercial con Argelia, rota tras el giro sobre el Sáhara Occidental, añade presión.
La desconfianza hacia Estados Unidos es transversal. Se afirma que Washington modifica sus posiciones según su interés del momento y que no respaldaría una enmienda que complicara la ampliación. La relación con el Reino Unido por Gibraltar aparece como otro frente abierto que desaconseja remover el texto del tratado.
El giro del debate hacia el gasto militar y el pacifismo
A medida que el hilo avanza, la discusión deriva hacia el gasto en defensa. Se critica que España envíe armas a Ucrania mientras mantiene un gasto militar contenido y un discurso pacifista. El argumento es que sin capacidad disuasoria real no hay credibilidad para exigir nada en una mesa de negociación.
Aparecen también posiciones que reclaman un giro militarista, con referencias a armamento y a la necesidad de disuasión nuclear. Otras respuestas rebaten ese camino recordando que los proyectos nacionalistas y militaristas han terminado mal en la historia. El intercambio se encona y deriva en descalificaciones personales que no aportan al fondo.
El punto donde el análisis se atasca
La propuesta tiene lógica jurídica: si se abre el tratado, se puede pedir. Pero exige una voluntad política que nadie detecta y una ventana diplomática que Turquía no ha ofrecido. Mientras el artículo 6 siga diciendo lo que dice, Ceuta y Melilla quedan fuera del paraguas. Y nadie ha explicado todavía cómo se convence a 30 países para cambiar eso.