¿Pizpirancia extrema? El término, mitad jerga, mitad código, ha encontrado en Zehra Güneş su nueva máxima expresión. La central turca de voleibol –1,97 metros y 88 kilos– se ha convertido en el paradigma del atractivo femenino para cierta corriente de internet que ha elevado un curioso 'pizpirómetro' a la categoría de ciencia exacta.
Los datos físicos no admiten discusión. Pero cuando se pasa de la ficha técnica a los matices, el consenso se rompe. Hay quien valora los rasgos y le resta enteros por el maquillaje y los pendientes; otro sector considera que, descontando esos 'adicionales', alcanzaría la perfección absoluta. El escepticismo digital también aflora: la máxima nota solo se concede a la materia prima verificada, es decir, con la garantía de que no hay imagen sintética ni montaje.
El factor de riesgo de la personalidad
No todo son centímetros. Una parte del análisis introduce un elemento que pocas métricas contemplan: el carácter. La posibilidad de que la candidata tenga opiniones propias o una agenda que no encaje con el reparto tradicional de roles se cotiza como un riesgo a evaluar antes de rubricar el veredicto. La conquista, se apunta, debería abordarse con métodos clásicos y sin descartar que ella tenga sus propios planes. El pizpirómetro, en fin, mide el cuerpo, pero no lo que hay dentro.
Con dos facciones en litigio –los puristas del dato antropométrico y los que no fían sin prueba de autenticidad–, la nota final oscila entre el 10 y el 10 con asterisco. A Zehra Güneş la encontraremos en la pista, donde los números tienen una única lectura competitiva y ninguna de estas disputas le quita el sueño.