Ahorrar con sueldo bajo: la cuenta que no sale
¿Cuánto se puede ahorrar cobrando 1.200 euros al mes? La pregunta, aparentemente simple, abre una de las grietas más incómodas del relato económico español: la del
ahorro como virtud personal cuando el
salario no da. El punto de partida de la conversación es una constatación amarga: ahorrando unos pocos cientos de euros al mes, y aun a costa de muchas privaciones, «no vas a ningún lado», porque ese dinero no se acumula y la
inflación se lo come. Décadas después, nada.
La tesis que recorre el intercambio es que el ahorro real de la clase trabajadora no viene del esfuerzo mensual, sino de la herencia. Quien presume de ahorros, sostiene el planteamiento inicial, al final reconoce que recibió un dinero de tías, abuelos o padres. Los mayores ahorraron; los demás, con suerte, reciben algo.
Cuánto hay que ganar para poder ahorrar
El consenso más repetido es que el ahorro empieza por los ingresos, no por la renuncia. Con un sueldo de 1.200 euros y 600 de alquiler y gastos, tener coche y usarlo a diario, y no privarse de tabaco, móvil o televisión de pago, el margen es cero. Hay quien pone el umbral en
2.000 euros mensuales, vivir en pareja y no tener vicios caros. Otros elevan la cifra: en pareja, con
3.000 euros entre los dos, se puede ahorrar 1.000 y mantener hipoteca, dos coches, seguros, dos vacaciones al año y comida decente, siempre sin hijos ni mascotas.
La alternativa que se abre paso es la del ingreso extra. Cambiar de trabajo, escalar, abrir un negocio, buscar chollos o mininegocios. El diagnóstico es tajante: quien gane 426 euros, por mucho que le digan que destine un 10% a interés compuesto, seguirá siendo pobre.
El truco de la pareja y el coche que no se tiene
Una de las recetas más repetidas pasa por vivir en pareja con dos sueldos, no tener coche, vivir cerca del trabajo e ir andando, comer en casa y limitar las salidas. Con 1.500 euros, el cálculo más optimista permite ahorrar
250 euros al mes, pero exige «mucha filosofía» y renunciar a parte de lo que te gustaría ahora.
El coche aparece como el gran sumidero. Quien no lo tiene porque dispone de buen transporte público ahorra un pico, y hay empresas que pagan bono transporte. La depreciación del vehículo se compara con el disfrute de viajar con ese dinero.
La letra pequeña de la vivienda
El cálculo más detallado del intercambio desmonta la idea de que la hipoteca sea siempre mejor que el alquiler. Un piso cutre en Madrid a
230.000 euros exige unos
25.000 euros de entrada. A un interés fijo del 3% a 30 años, la cuota se va a
977 euros al mes. Si además se apartan 1.000 de ahorro, a la pareja le quedan 1.023 euros para dos coches de segunda mano, gasolina, seguros y revisiones: unos
360 euros. El margen se estrecha hasta desaparecer.
Frente a eso, hay quien defiende que vivir de alquiler teniendo una herencia futura y no hipotecarse es lo sensato. Y quien recuerda que la vivienda pagada lo cambia todo: con el piso y el coche sin deudas, el ahorro se dispara.
Casos que se salen de la media
Las excepciones existen y se cuentan con detalle. Un caso: cobrar
1.350 euros, gastar 280 en taxis al trabajo y ahorrar 500 al mes viviendo con los padres, hasta reunir cerca de
40.000 euros en seis años y comprar una casa de 85.000, con 15.000 de ayuda paterna. Otro: vivir en un local comercial de 20 metros cuadrados en propiedad y ahorrar el 80% del sueldo, con 100 euros anuales de comunidad. Y quien presume de haber hecho del ladrillo su segundo trabajo: comprar, arreglar y vender pisos, sin marcas ni financiación.
El gasto hormiga y la vida que no se vive
La otra mitad del debate es la cultura del gasto. Cocinar el domingo para toda la semana, comprar ropa de segunda mano, cazar ofertas con fecha de caducidad próxima, no fumar ni beber, sacar el dinero en efectivo para verlo bajar. Medidas que ahorran, pero que topan con una objeción: ¿qué calidad de vida queda? Se llega a hablar de límites de 10 o 20 euros por fin de semana, y la respuesta no se hace esperar: eso es vivir como un muerto de hambre.
La ironía final la pone quien recuerda que el que folla pagando termina ahorrando. O eso dicen.