Cetosis para sanos: ¿moda pasajera, herencia evolutiva o error?
La dieta cetogénica ha pasado de terapia clínica a corriente nutricional de masas. En su centro late una pregunta incómoda: si el cuerpo humano arrastra 500.000 años metabolizando grasa y proteína, ¿tiene sentido que una persona sana fuerce hoy ese estado metabólico?
Una corriente la defiende con un argumento evolutivo: los hidratos de carbono como combustible principal llevan apenas 5.000 años en la dieta humana, y la cetosis sería el funcionamiento natural del organismo. Además, permite 20-30 gramos de hidratos diarios, suficientes para incorporar verduras estratégicas cargadas de selenio, folatos o zinc, y dejar al cuerpo en modo quemagrasa.
La otra posición no se muerde la lengua: cetosis en una persona sana es moda, con síntomas de adaptación que incluyen cortisol por las nubes, agarrotamiento muscular e insomnio. Y para el que entrena fuerza, vaciar el glucógeno con pesas es precisamente el estímulo que busca; después toca recargarlo, no eliminarlo. La variedad, apuntan, sigue siendo el mejor patrón.
El cruce deja una conclusión incómoda: depende de qué se considere sano. Si la meta es perder la panza a base de no comer hidratos, funciona. Si la meta es rendir en el gimnasio o simplemente no pasar por el mal trago de la adaptación, el sentido se difumina. La pregunta queda abierta, y cada uno decide qué cuenta como metabolismo natural.