La tertuliana que crispa a la audiencia: desconcierto en Telemadrid
El gesto de hastío permanente, las palabras almibaradas y una mirada que no termina de encontrar al interlocutor: la nueva tertuliana de Telemadrid ha conseguido algo poco habitual en apenas unos minutos de emisión, que nadie en la sala sepa quién es y que todo el mundo tenga una opinión sobre ella. La identidad sigue sin despejarse. En la discusión posterior al programa, nadie fue capaz de aportar su nombre; lo que sí se repitió fue el calificativo de “woke de cuota”.
El rasgo más comentado no fue el discurso, sino la pose. Quienes vieron el programa describieron una expresión de desagrado constante y una tendencia a mirar hacia un lateral del plató, como si esperase una validación antes de cada frase. Algunos la etiquetaron de “woke de cuota”, alguien puesta para que los demás tertulianos la rebatan. Otros fueron más allá y vieron en su tono el conocido “buenismo”, esa manera de hablar que supuestamente evita molestar a nadie pero irrita a media sala.
La sátira también tuvo su hueco: la comparación con la Moncloa y sus supuestos “catálogos” de perfiles para rellenar platós no tiene desperdicio. Pero lo llamativo es que nadie se preguntó si llevaba razón o no. La pregunta que flota es más básica: ¿quién es y por qué está ahí? El programa, emitido por Telemadrid, no llegó a presentarla con claridad, y el enigma de la mirada lateral quedó sin respuesta.
Los datos de audiencia de la televisión pública madrileña dirán si el malestar se traduce en algo. Lo que nadie ha conseguido explicar es por qué una tertuliana sin nombre ha generado tanto ruido en tan poco tiempo. Ese es el punto donde el análisis se atasca.