Quiropráctica milenaria en la India: el cuento del tractor que endereza vértebras
Lo llaman quiropráctica milenaria, pero no hay milenio que valga cuando te pasan un tractor por encima. En el fondo, la etiqueta «civilización milenaria» es el mejor comodín del mercado: sirve para vender desde masajes con piedras calientes hasta cremas de caca de vaca. La India tiene 3.000 años de historia, sí, y la misma proporción de timadores por metro cuadrado que un centro comercial en rebajas. A nadie le debería extrañar que una terapia que promete alinear los chakras a base de maquinaria agrícola sea, cuando menos, sospechosa.
Negocio con aroma a incienso
El argumento del «sabiduría ancestral» es infalible para captar incautos con dolor de espalda. Pero, como bien señalan los escépticos, si quieres que te «partan la espalda», mejor que lo haga un fisioterapeuta colegiado con radiografía, no un gurú que te habla de los chakras mientras suena un sitar. La comparación con el potro del Santo Oficio no es casual: hay quien recuerda que la Inquisición ya practicaba alargamientos con poleas, con una tasa de éxito del 3%, y que hoy se venden en clínicas suizas por 50.000 euros. Negocio redondo.
La rueda del samsara, versión Massey Ferguson
La metáfora del tractor tiene su punto poético: entrar como un desguace y salir como un Fiat Panda de segunda mano. Lo llaman «nirvana», pero suena más a ITV del alma. La garantía es de por vida, porque vida ya no tienes. Y si al final resulta que la iluminación consiste en que te pase un Massey Ferguson por encima, más vale reencarnarse en langosto: al menos no pagas comunidad.
El dato que descoloca es que, pese al evidente ridículo, hay quien jura que funciona. Un coche pasando por encima del pie en las fiestas de Comillas, y el afectado asegura que le dejó las vértebras en su sitio. Con psicotrópicos de por medio, cualquier terapia parece milagrosa. El negocio de la fe no entiende de radiografías.