Intel: del cuchillo cayendo a multiplicar la cartera
Intel puede declarar cero dólares de beneficio por acción y, aun así, multiplicar el dinero de quien compró en el suelo. La historia arrancó con una recomendación explícita: entrar en Intel con el pronóstico de una subida mínima del
30% en uno o dos años. La respuesta más repetida al principio fue la del cuchillo cayendo. Las cifras que circulan ahora, en esa misma conversación, cuentan algo bastante distinto.
La tesis inicial: activos baratos y un plan para las NPU
El punto de partida era sencillo. Precios por los suelos, una generación de procesadores fallida y pérdida de cuota frente a la competencia, sobre todo en servidores. De ahí salía la conclusión: una empresa con los activos de Intel está infravalorada. El argumento de futuro se apoyaba en las
NPU, los procesadores que ejecutan
inteligencia artificial sin depender de una tarjeta gráfica y que, según esa lectura, acabarán integrados en todo tipo de aparatos, hasta en los electrodomésticos.
Sobre esa base se añadía un factor que no sale en ningún balance: el respaldo directo de Estados Unidos. La idea de que Intel es demasiado estratégica para dejarla caer reaparece en varios tramos de la discusión, también entre quienes critican su gestión.
El argumento bajista: menos beneficios y el tren de las GPU
La objeción más repetida es contable. Cada vez se generan menos beneficios y el mercado se ha desplazado hacia las GPU, territorio donde Nvidia manda sin discusión. La comparación con
IBM aparece varias veces, con la advertencia de que Intel puede acabar viviendo de las patentes y poco más. Con un PER alto de 20 en una empresa que no genera beneficios, la conclusión de esa corriente es que no hay ninguna ganga.
Hay más. Las fábricas anunciadas en Alemania con dinero público quedaron, según esa versión, en la cuerda floja. Y el diagnóstico de gestión es duro: una estructura anquilosada que necesita una limpieza a fondo. La analogía con Nokia —el gigante que no supo elegir plataforma— se lanza como aviso de lo que puede pasar.
¿Por qué sostiene Estados Unidos a Intel?
Porque la considera una pieza estratégica antes que un negocio. El argumento dominante aquí es que al Estado le interesa tener fabricación propia de semiconductores en suelo americano y reducir la dependencia de Taiwán y de TSMC. De ahí las ayudas y las subvenciones para levantar plantas, y de ahí la lectura de que Intel terminará siendo la fábrica de marca blanca del país.
Ese colchón público es lo que sostiene el caso incluso cuando las cuentas chirrían. Se habla de una posible compra por parte de
Qualcomm, de alianzas con otros gigantes tecnológicos y de un posible spinoff, escenarios que, de confirmarse, cambiarían por completo la valoración. Las plantas, además, tardan años en dar fruto: la tesis exige paciencia.
El espejo de Meta y los precios de entrada
La simpatía del mercado va y viene con el precio. Se recuerda que Meta llegó a caer por debajo de 100 dólares y que entonces nadie quería tocarla, y que después cambió el relato por completo. Con Intel, sostiene esa lectura, pasará lo mismo: cuando remonte, empezarán a llover opiniones favorables. Es el clásico
efecto manada aplicado a los semiconductores.
Los precios que declaran los participantes dibujan una horquilla amplia: entradas a 17 dólares, muy cerca del mínimo, y otras a 21, 22, 30, 45 y hasta 49. Uno de los relatos más repetidos es el del que compró con prisas a 21, vio el precio en 19, vendió a 21,05 y se quedó fuera del movimiento. Las ganancias declaradas van del
+12% al
+150%, con un +50% que se quedó corto y una jornada del +8% al calor de un posible spinoff. También hay quien recuerda haber metido solo unas monedas y quién se bajó antes de tiempo.
La IA como excusa: NPU y aceleradores Gaudi 3
El intento de subirse al tren de la inteligencia artificial ya se hizo antes y salió mal, según el análisis más técnico: hubo un proyecto de gráficas que no funcionó y no pasó nada porque el negocio de procesadores de escritorio y servidores seguía cómodo. Ahora la situación es la inversa. En servidores se vende un producto peor que el de la competencia por más dinero, y en escritorio el terreno perdido es notable.
La baza diferente son los aceleradores Gaudi 3, elegidos por IBM para cargas de IA. Queda una pregunta sin respuesta: cómo afectará a Intel el estallido de la burbuja de la IA cuando tiene poca presencia en el sector. Y otra más incómoda, la de siempre: si vale por lo que fabrica o por lo que Estados Unidos necesita que fabrique.