Ucrania: el bando que no sale en los titulares
La guerra de Ucrania ha dejado de ser una disputa entre dos relatos para convertirse en un pulso de tres. Al menos así lo refleja el recuento de posiciones que se ha abierto paso entre quienes siguen el conflicto al detalle: junto a los partidarios de la derrota rusa y a los que piden parar las sanciones y el envío de armas, emerge con fuerza un tercer bloque que rechaza ambas trincheras.
Ni OTAN ni Putin. La etiqueta, repetida en distintas formulaciones, agrupa a quienes consideran que el coste económico y la escalada militar recaen sobre Europa mientras el ciudadano de a pie asiste como espectador.
El planteamiento inicial era binario: derrota de Rusia o freno a las sanciones y a la ayuda militar. La realidad del recuento desbordó el marco.
Caballo, neutral, me la suda, no partidista: las respuestas que pedían una casilla intermedia acabaron siendo la señal más clara de que el eje izquierda-derecha no explica nada aquí.
Qué defiende cada bando del recuento
El bloque que respalda la derrota rusa no se limita a pedir la retirada de tropas. En su versión más dura, plantea
rendición incondicional de Rusia, división del país en zonas bajo control de la OTAN, desarme del ejército y transferencia de tecnología, con juicio en La Haya para la cúpula. Es una posición que asume el choque frontal y no contempla negociación alguna.
Enfrente, quienes sostienen que las sanciones están hundiendo la economía europea y que el envío de armas solo alarga el conflicto. El argumento recurrente:
las condiciones que se presentan como prorrusas son en realidad proeuropeas, porque el daño económico recae sobre la UE. Hay quien va más lejos y afirma que a la mayoría de la población el conflicto le importa tanto como otras guerras lejanas, y que sin el bombardeo informativo constante nadie se acordaría de él en unos meses.
El tercer bando: ni un bando ni el otro
La petición de una opción neutral se repite con insistencia.
Neutral,
contra ambos,
no partidista,
que me dejen vivir tranquilo. No es equidistancia tibia: es un rechazo explícito a que el conflicto se plantee como una elección obligatoria entre dos potencias. Algunos lo formulan como mero espectador a la espera de que llegue el tsunami económico al barrio.
La desconfianza hacia las instituciones occidentales atraviesa ese bloque. Un mensaje lo resume: quien teme más al estado de derecho occidental que a Putin, porque considera que el deterioro institucional y la restricción de derechos fundamentales han avanzado más en dos años que en décadas de autoritarismo ruso. La comparación es discutible, pero marca el tono.
El coste económico como argumento transversal
El impacto económico funciona como denominador común de casi todas las posturas críticas. Se afirma que las sanciones van a provocar la quiebra total de la UE, que Europa se está metiendo en una carrera peligrosa mientras otros países, como Turquía, ponen mesas para sentar a las partes a negociar. La pregunta implícita:
¿quién paga esta guerra? Y la respuesta que se repite: el ciudadano europeo.
Hay quien plantea una salida por la vía de los intereses: una
Eurorrusia fuerte, con relaciones económicas cordiales, como bloque capaz de plantar cara al expansionismo asiático. El argumento geopolítico se mezcla con el económico sin complejos.
El desgaste del relato y la evolución del pulso
Con el paso del tiempo, el recuento inicial se ha ido desdibujando. Lo que empezó como una votación entre dos bloques ha derivado en un diagnóstico compartido:
la mayoría silenciosa no se siente representada por ninguno de los dos relatos dominantes. La conclusión que se extrae del recuento es que la supuesta mayoría atlantista se reduce a unos pocos activos, mientras el grueso permanece ajeno al pulso.
La discusión derivó hacia terrenos inesperados. En pleno recuento de bandos, la conversación saltó a las talasocracias, el control marítimo y la herencia fenicia de los barcos vikingos. Un participante llegó a reivindicar a los polinesios como los únicos que lograron control real del océano. La guerra como excusa para discutir historia naval: el foro en estado puro.
Con estos mimbres, la predicción es arriesgada. Si el coste económico sigue subiendo y la percepción de escalada no se frena, el bloque neutral puede crecer. Pero también puede diluirse si el conflicto se recrudece y obliga a tomar partido. Nadie tiene la bola de cristal, y quien diga lo contrario miente.