Crimea: atascos para salir y cámaras que no enseñan bañistas
Los vídeos circulan con insistencia por las redes rusas y muestran lo mismo una y otra vez: kilómetros de coches detenidos en las carreteras que salen de Crimea. La escena se sitúa en la
jornada 169 del conflicto en Ucrania y apenas
dos días después de las explosiones registradas en Saki, en la propia península. A las imágenes de autopistas colapsadas se suman las de estaciones de tren con los andenes abarrotados y el puente sobre el estrecho de Kerch cerrado. Con esos mimbres, el relato de una huida masiva se ha extendido como una mancha de aceite.
El problema es que otro grupo de imágenes cuenta lo contrario. Las cámaras web instaladas en varias playas de la península, muchas alojadas en servicios de dominio ruso, apenas registran bañistas. Y ahí empieza la pelea.
¿Éxodo real o temporada alta en el Mar Negro?
Una parte de quienes siguen el asunto sostiene que lo que muestran los vídeos es, sencillamente, el verano ruso. Toda la costa del Mar Negro, desde Crimea hasta Sochi, está a reventar en esta época, argumentan, y los atascos se repiten en Gelendzhik o en la propia Sochi. Las estaciones de tren llevan meses al límite por un motivo que no tiene nada de bélico: los aeropuertos del sur están cerrados desde febrero, de modo que el tren se ha convertido en la única forma razonable de llegar a la costa. Con Turquía y el litoral ruso como casi únicas opciones asequibles, la conclusión que extraen es que ver colas en verano no demuestra ninguna estampida.
Frente a esa lectura, la contrarréplica se apoya en lo que enfocan las cámaras. Si todo fuera veraneo, ¿por qué las playas aparecen medio vacías?
Las webcams de Crimea que no muestran bañistas
El recuento que circula es llamativo: entre todas las cámaras de la primera página de uno de los portales rusos de webcams
no se juntan cien bañistas. Unas apuntan a arena desierta; otras, directamente, no emiten. De ahí sale una lista de explicaciones que ya funciona como género propio: que en Crimea se va a la playa de noche, que la cámara enfoca una zona a la que no va nadie, que hoy ha coincidido así o que
todo es un montaje. La comparación que se hace fuera del terreno ruso va en la dirección opuesta: hay playas del norte de España que, en una captura cualquiera, registran menos gente que las crimeas.
La discusión, en el fondo, no va de turismo. Va de si un vídeo sirve como prueba de algo.
Por qué Crimea pesa tanto en el turismo ruso
Conviene recordar que Crimea no es un destino cualquiera. Es un destino turístico para los rusos y de esa temporada vive buena parte de su economía local, según se sostiene en el debate, y el Mar Negro aparece como una de las pocas opciones de veraneo asequibles sin salir del país. Por eso cualquier imagen de la costa se lee en clave política, tanto para quien quiere ver una salida en tromba como para quien quiere ver un verano normal.
La propia condición de sus habitantes se ha convertido en objeto de disputa. Unos subrayan que la mayoría votó incorporarse a Rusia en un referéndum; otros responden que buena parte de esa población llegó a la península en sucesivas oleadas migratorias y que aquella consulta se celebró bajo control militar. También desde fuera se ha terciado: hay quien ha escrito que no siente ninguna pena por los rusos que abandonan las playas del Mar Negro.
El choque histórico: de la anexión de 1783 a la cesión de Jruschov
El pulso deriva pronto hacia el pasado. Un sector recuerda que la península quedó bajo control ruso en
1774 y se incorporó de forma plena al Imperio en
1783, y que antes había pertenecido al kanato túrquico de Crimea, al Imperio bizantino y al Rus de Kiev. Otro sector subraya que Crimea solo pasó a depender administrativamente de Ucrania en
1954, por una decisión de Nikita Jruschov, y que en el referéndum posterior la mayoría votó incorporarse a Rusia.
Enfrente, la objeción es que la península ya había votado formar parte de Ucrania antes y que aquella consulta posterior no reúne las condiciones para considerarse válida. Se citan mapas de 1919 —con varios gobiernos coexistiendo en el territorio—, se recuerda que entre 1854 y 1917 hubo interrupciones y se trae a colación el caso de Gibraltar, desgajado de España en 1704. La discusión acaba, como casi siempre, en la pregunta de quién estaba allí primero.
El puente de Kerch y el cuello de botella de las salidas
Con los aeropuertos del sur inoperativos desde febrero y el puente sobre el estrecho de Kerch en el centro del debate, las salidas de la península se estrechan. De ahí que las imágenes de atascos ganen fuerza: cualquier incidencia en la principal vía terrestre se traduce en horas de espera y en un efecto dominó sobre el resto de la costa.
Hay quien sostiene que ese cuello de botella se está usando para retener a la población civil y disuadir de nuevos ataques, y quien replica que se trata, simplemente, de una infraestructura saturada como cualquier otra en temporada alta. Los escépticos con el relato de la huida le han puesto hasta nombre:
la finta de las chancletas. Nadie discute que hay colas. Todos discuten qué significan.
Que el Mar Negro esté lleno en verano no lo pone en duda nadie. La pregunta es otra: ¿las colas que salen de Crimea son las del turista que vuelve a casa o las del que ya no piensa volver?