China y el «85% que no sanciona a Rusia»
Un tuit, una imagen y una frase. El mensaje atribuido a Lijian Zhao —presentado como ministro de Exteriores chino, un cargo que otra intervención niega tajantemente— lo resume todo: «Only the majority stands for the international community». La imagen que lo acompaña sostiene que el
85% de la comunidad internacional no ha sancionado a Rusia. El 15% restante, se sobrentiende, es Occidente. No hace falta más.
El tuit no explica a cuántos países suma ese 85% ni con qué criterio se mide. Da igual. Lo que se lee es el gesto: alguien presentado como responsable chino diciendo en público que la mayoría del planeta no está en la acera de Washington. Debajo, una palabra empieza a repetirse:
multipolar.
La cifra que nadie cuadra
El porcentaje es grueso y así se discute. Un cálculo que circula en la misma conversación rebaja el bloque al
10%, al sostener que buena parte del resto ya ha ido entrando por otras vías y que el reparto real es otro. Nadie aporta el censo completo. Lo que sí aparece es una lectura del posicionamiento chino apoyada en una declaración recogida por
La Vanguardia: Pekín no aspiraría a sustituir a Estados Unidos como potencia hegemónica, solo a mantener su integridad territorial y su esfera. De ahí lo de multipolar, y de ahí la referencia a los
BRICS como el bloque que empieza a hablar en nombre propio.
En el otro extremo, la objeción es que un mundo multipolar con China creciendo sin freno tampoco es una buena noticia para nadie: la economía que devora mercados acaba imponiendo condiciones. Es la tensión que recorre toda la discusión y que ningún titular resuelve.
¿A quién golpean de verdad las sanciones a Rusia?
En esto coinciden sensibilidades de signo distinto: quien paga la factura es Europa. El argumento que se repite es que Bruselas se ha disparado en el pie con restricciones sobre suministros que necesita, y que el castigo al proveedor acaba trasladándose al recibo del consumidor. El símil doméstico que circula: cerrar la llave del agua de la propia comunidad de vecinos para castigar a la compañía y terminar bebiendo embotellada a un precio varias veces mayor.
Hay una tesis adicional, más incómoda: que Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido anuncian sanciones y luego las aplican por la puerta trasera, mientras la Unión Europea las cumple a rajatabla. Se apoya en una información de
El Periódico de España. Si eso fuera así —y conviene tomarlo como lo que es, una afirmación que circula, no un hecho probado— el reparto de costes sería de manual.
El peaje del dólar y del euro
Aquí el análisis se vuelve macro. Se sostiene que Occidente ha vivido por encima de sus posibilidades gracias a que el resto del mundo necesita dólares y euros para comerciar; que esos billetes los emiten la Reserva Federal y el Banco Central Europeo prácticamente de la nada; y que eso ha funcionado como un peaje silencioso sobre la producción ajena. El desglose de cómo se traslada ese coste a la economía real es largo y da para una discusión entera.
La conclusión que se extrae: febrero de 2022 rompió algo. No por los tanques, sino porque alguien dijo en voz alta que el rey iba desnudo. El mundo tardará en notarlo, pero el euro y el dólar, se argumenta, han empezado a perder influencia.
China, la ameba que engordó Occidente
Frente al relato del gigante asiático como amenaza pura, aparece la pregunta incómoda: ¿quién la engordó? La respuesta que se da es que el interés por el mercado chino estaba en todas las multinacionales occidentales, que la deslocalización industrial se diseñó desde aquí y que las élites dieron por hecho que podrían controlar su economía y, con ella, su política. No salió como estaba previsto, y ahora el error de cálculo se les devuelve en forma de tuit.
Mientras tanto, las listas diplomáticas siguen su curso. Entre los
estados amigos que Rusia maneja figuran Burundi, Guinea, Camerún, Malí, Sudán, Uganda, Chad, Etiopía y Sudáfrica. Con ese mapa sobre la mesa, el 85% deja de ser un titular y se convierte en una pregunta: si la mayoría no sanciona, ¿quién sostiene el sistema que hace falta para sancionar?