Paco y Jalil: cuando compartir piso une a un jubilado de 70 y un joven de 21
Paco tenía 70 años, una casa de 70 metros cuadrados en Burgos y ningún hijo. Jalil tenía 18, acababa de llegar de Tánger y buscaba un sitio donde dormir. Un programa de Acercamiento Intergeneracional entre mayores de 60 años y estudiantes universitarios los juntó el 5 de septiembre de 2021. El primer día, Paco le dio las llaves y se fue una semana de vacaciones a Islantilla. «No me conocía de nada y me recibió de esa manera», recuerda el joven.
La historia, publicada en
El Mundo y difundida después en redes, ha generado un debate que va mucho más allá de dos personas. Porque el caso toca tres nervios a la vez: la
soledad no deseada de los mayores, el problema de acceso a la vivienda de los universitarios y la política pública de convivencia entre ambos.
Qué es el programa de Acercamiento Intergeneracional de Burgos
El programa lo coordina la trabajadora social Lourdes Bustamante y conecta a mayores de 60 años con estudiantes universitarios que necesitan alojamiento. Paco se enteró a través de la Universidad de la Experiencia de Burgos. Solo puso una condición: que quien viniera hablara bien castellano. Jalil lo hablaba casi desde que nació.
El perfil de los dos protagonistas es casi un experimento sociológico. Paco es hijo de agricultor, mal estudiante, empezó a trabajar a los 14 años en una agencia de transportes y acabó de peón caminero pintando puentes. Se prejubiló a los 61. Nunca tuvo pareja ni hijos. Jalil es hijo de un director de banco en Tánger y de una jefa de recursos humanos, estudió en el Colegio Español Ramón y Cajal, habla cuatro idiomas y estudia Terapia Ocupacional en Burgos. No tiene relación con su padre.
La soledad no deseada y el precio de la vivienda, los dos problemas de fondo
El artículo original aporta el dato que sostiene todo el relato: hasta el 20% de los españoles sufre soledad no deseada, y más de ocho millones de personas superan los 65 años, de las cuales una de cada cinco vive sola. En paralelo, los jóvenes lo tienen crudo para encontrar alojamiento. El programa no resuelve ninguno de los dos problemas estructurales, pero los parchea a la vez.
En el debate posterior, una parte de los participantes sostiene que este tipo de iniciativas son puro marketing institucional y que el caso concreto se ha elegido por su valor simbólico. Otra corriente defiende que el programa funciona precisamente porque no es masivo: se apoya en la selección previa y en el seguimiento de una trabajadora social. La propia coordinadora ha contado otros casos, como el de una estudiante con esquizofrenia a la que se decidió dar una oportunidad pese a los requisitos de salud.
El relato oficial frente a la desconfianza del lector
Buena parte de las respuestas al artículo no cuestionan a Paco ni a Jalil, sino al marco en que se presenta la historia. Hay quien lee propaganda donde otros ven una crónica amable. Se argumenta que los medios eligen este tipo de relatos para construir una imagen concreta de la convivencia y que rara vez vuelven a contar cómo acabó todo. El ejemplo que más se repite es el de una pareja alemana que acogió a refugiados en 2015 y de la que nunca más se supo.
También aparece la sospecha de que el joven tiene un perfil privilegiado —hijo de directivo bancario, cuatro idiomas, colegio de élite— y que eso desmonta la lectura de «joven vulnerable acogido por jubilado humilde». El propio artículo lo deja claro: Jalil no llegó a Burgos huyendo de nada, llegó porque no le daba la nota para Psicología o Nutrición y le cogieron en Terapia Ocupacional.
Qué dicen los datos que sí están sobre la mesa
El material disponible permite fijar varios puntos. Paco tenía 70 años y Jalil 21 en el momento de la publicación, en diciembre de 2024. La casa tiene 70 metros cuadrados. La convivencia arrancó el 5 de septiembre de 2021. El programa exige que la salud del participante no suponga un riesgo para la convivencia. Y la relación ha durado más de tres años, con viaje conjunto a Tánger incluido el verano anterior.
Paco lo resumió con una frase que el artículo recoge: «Es lo más parecido que voy a tener a un hijo». Jalil, por su parte, no tenía padre con el que comparar. La simbiosis, como la llamó el propio reportaje, no necesitaba más explicación.
Lo que no aparece en ningún titular es lo que suele decidir estas historias: qué pasa cuando el estudiante se gradúa, encuentra trabajo en otra ciudad o simplemente deja de necesitar la habitación. El programa no lo dice. El artículo tampoco.