Huelga por Palestina: el paro que nadie secundó
La huelga general convocada por Palestina ha sido un fracaso de participación. Así lo refleja el sentir mayoritario de un debate que, lejos de centrarse en el conflicto de Gaza, ha derivado en una enmienda a la totalidad de los
sindicatos y en un ajuste de cuentas con la izquierda. El paro, convocado con carácter general, apenas ha tenido seguimiento entre los trabajadores del sector privado y ha dejado una imagen de división en el movimiento sindical.
El comercio y la hostelería no pararon
Los datos que se desprenden del intercambio de impresiones son contundentes: los comercios de barrio, los kebabs y la hostelería abrieron con normalidad. «Pues los de los kebas abrieron todos», resume un participante, dejando claro que la huelga no caló en el pequeño comercio. La percepción general es que el seguimiento fue mínimo, incluso entre los propios convocantes, y que la jornada se saldó con más ruido que nueces.
La convocatoria, según varios intervinientes, llegó tarde y mal. «Han tenido dos años para hacer la huelga. La hacen ahora porque es cuando les ha dado el subidón de emocionita», señala un mensaje, reflejando la sensación de oportunismo político. La huelga se percibe como una reacción emocional al conflicto en Gaza, no como una reivindicación laboral seria.
Funcionarios y estudiantes, los únicos que paran
El paro ha tenido un seguimiento desigual. Mientras que los funcionarios y los estudiantes han sido los colectivos más visibles, el sector privado ha funcionado con normalidad. «Mañana sólo paran los funcionarios», sentencia un participante, resumiendo la percepción de que la huelga ha sido cosa de unos pocos. La crítica se extiende a los estudiantes, acusados de aprovechar cualquier excusa para no ir a clase: «alumnos apuntándose a lo que sea para no ir a clase».
Esta división ha generado un profundo malestar entre los trabajadores autónomos y los empleados del sector privado, que ven en la huelga una pérdida de tiempo y una amenaza para sus ingresos. «El autónomo que tiene que levantar la persiana, ir al remo, el que no tiene vivienda o le van a echar... poco o nada le importa palestina Hamas Israel etc», se puede leer, evidenciando la brecha entre las preocupaciones laborales cotidianas y las causas internacionales.
La crítica a los sindicatos: de la lucha obrera al activismo internacional
El debate ha servido para canalizar un descontento más profundo: la pérdida de rumbo de los sindicatos. Muchos participantes consideran que las centrales sindicales han abandonado su función principal de defender los derechos de los trabajadores para centrarse en causas políticas y mediáticas. «Los sindicatos estan de adorno, antes de tanta lucha obrera 60 dias de despido por año trabajado, no ETT, despido no libre, ahora que tienen banderitas que sacar despido libre, 20 años por año, fijo discontinuo por ETT», critica un mensaje, resumiendo el sentir de que la huelga es una cortina de humo.
La huelga por Palestina es vista por muchos como una maniobra para desviar la atención de los problemas reales de la clase trabajadora española. «No hay huelga por la subida de la cesta de la compra? O por el precio de la vivienda?», se pregunta un participante, poniendo el dedo en la llaga sobre las prioridades sindicales.
El ridículo como estrategia: la internacional en árabe y las concentraciones vacías
La jornada ha dejado imágenes controvertidas, como la interpretación de la Internacional en árabe en Bilbao o las concentraciones con escasa asistencia. «Han cantado en Bilbao la internacional en árabe durante la huelga general fake por Palestina», se denuncia, calificando el acto de «ridículo». La huelga ha sido tildada de «fake» y de «numerito» por parte de quienes consideran que no responde a una demanda real de los trabajadores.
La convocatoria también ha sido criticada por su carácter ilegal, ya que, según algunos, las huelgas generales solo pueden convocarse por motivos laborales. «Pero no era ilegal convocar huelgas por motivos no laborales?», se pregunta un participante, añadiendo una capa más de deslegitimación a la jornada.
El trasfondo político: una izquierda que no conecta
El debate revela un profundo desapego hacia la izquierda política y sindical. «Cuando gobierne la izquierda se van a enterar....», se lee, en un tono que mezcla amenaza y frustración. La huelga por Palestina ha sido interpretada por muchos como un ejemplo más de la desconexión de la izquierda con los problemas reales de la gente. «Obviamente NO, y eso que apoyo la causa palestina pero es que no me sale de los cojones bailarles el agua a los putos rojos de mierda españordos», afirma un mensaje, ilustrando la complejidad del sentimiento.
En definitiva, la huelga por Palestina ha dejado un reguero de críticas que trascienden el conflicto en Gaza. Ha servido para evidenciar la fractura entre los sindicatos y una parte de la base trabajadora, y para reavivar el debate sobre el papel de la izquierda en la España actual. Con estos mimbres, es previsible que la próxima convocatoria sindical de perfil político vuelva a pinchar. Aunque, tratándose de este país, nunca se sabe.