Risto Mejide, la cazafortunas y el coste de mantener una imagen
¿Qué busca una mujer veinte años más joven en un hombre que ronda los cincuenta? La respuesta más evidente es dinero, pero la realidad es más compleja. La relación de Risto Mejide con una joven ha reabierto el debate sobre el precio de la imagen pública y el papel del dinero en las relaciones de poder.
El personaje como producto
Mejide es, en sí mismo, un producto. Publicista de formación, se ha forrado en la televisión y en la publicidad. Su empresa principal lleva 18 años en funcionamiento y facturó 11 millones de euros en el último ejercicio, según datos que circulan en redes. No es un cualquiera: es un tipo que ha sabido vender su marca personal, aunque esa marca sea la de un sabelotodo borde que genera rechazo y fascinación a partes iguales.
La relación como transacción
En este contexto, la relación se lee como una transacción. Él aporta dinero y notoriedad; ella, juventud y presencia. Hay quien lo ve como un trato como cualquier otro, y quien sostiene que el amor no tiene edad, aunque la imbecilidad tampoco. Los cálculos sobre el coste de mantener a su pareja apuntan a que podría superar los 100.000 euros anuales, una cifra que, para alguien con su patrimonio, es el chocolate del loro.
El debate de fondo
Pero el debate va más allá de la pareja. Lo que realmente molesta a muchos es que un personaje como Mejide esté forrado de dinero. Que un tipo que ha hecho carrera en la publicidad y la televisión se haya convertido en un triunfador con trofeo incluido. La fascinación por los engreídos es un misterio que nadie ha resuelto.
Al final, la relación es un intercambio de capitales: él pone el dinero, ella pone la juventud. El resto es postureo. Y mientras las cifras cuadren, el espectáculo continuará.