Rita Maestre rompe su silencio sobre Errejón
¿Qué sabía Rita Maestre? La portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital tardó tres días en pronunciarse sobre las denuncias publicadas contra Íñigo Errejón, su pareja durante años, y lo hizo con un comunicado difundido a través de la red social X en el que reconoce sentirse «profundamente engañada». El texto describe a un hombre de «múltiples caras»: un «buen novio» que, según su propio relato, volvía a casa con normalidad tras agredir a una mujer de 20 años en un hotel. La declaración abre un frente nuevo: ya no se discute solo qué hizo Errejón, sino qué supieron quienes convivieron con él.
Qué dice exactamente el comunicado de Maestre
El escrito llega después de tres días de silencio y arranca con una admisión incómoda: las informaciones que han ido trascendiendo durante la semana le abruman y le conmocionan porque está «descubriendo algunos episodios» relatados por las víctimas que sucedieron cuando todavía mantenía una relación sentimental con «el agresor». A todas ellas traslada su respeto y su apoyo ante unos testimonios que, dice, está «empezando a digerir».
La parte más dura del texto es la que describe la doble cara. «Un buen novio era a la vez un misógino que volvía a casa con normalidad tras agredir a una mujer de 20 años en un hotel», señala. Y añade una pregunta que muchos se hacen en voz baja: «Es imposible que cada una de las personas que hemos compartido con él parcelas de nuestra vida no pensemos cómo no pudimos ver que estábamos ante alguien con esas múltiples caras, cómo pudimos cegarnos ante ese nivel de manipulación».
¿Hubo encubrimiento en su entorno político?
Maestre responde de forma tajante a quienes especulan con su grado de conocimiento. «Ni he sido parte ni tengo constancia de ningún encubrimiento de ninguna agresión ni acción violenta, porque no lo ha habido», afirma, antes de rematar: «Más bien me siento profundamente engañada y ese engaño resulta devastador». La también ex miembro de Podemos justifica su decisión de hablar de su vida privada —siempre celosa de ella— precisamente para contestar a quienes, dice, «especulan alegremente» sobre su complicidad en los espacios de convivencia personal o política.
Hay un matiz que conviene no perder: la portavoz sostiene que ahora «puede resultar muy fácil y tentador poner las distintas informaciones que han trascendido bajo un foco de obviedad que, sencillamente, no es tal». Es decir, niega que todo fuera evidente para quien estaba dentro.
El giro del foco: de las víctimas al entorno
En el tramo final del comunicado, Maestre intenta recentrar el asunto: «Ahora lo importante es el dolor de las víctimas, que tienen que sentirse respetadas y acompañadas. Lo importante es erradicar las conductas y agresiones machistas de la política y la sociedad». También se queja de que la conversación pública gire «en torno a la excepción de lo escabroso y no a la normalidad que sostiene tantas violencias cotidianas», y del escrutinio que sufren las mujeres que han formado parte del entorno personal de un agresor: «Estamos hartas de que no se nos crea y se nos cuestione cuando somos agredidas».
La reacción que provoca el texto es un buen termómetro del ambiente. Hay quien lee el comunicado como un ejercicio de honestidad de alguien que también fue engañada. Y hay quien lo lee como una operación de salvamento: la misma persona que denuncia el engaño es la que ahora ocupa el espacio político que deja el señalado. La sospecha no es nueva en política, pero aquí tiene un filo particular, porque el asunto mezcla intimidad, poder y carrera profesional.
El problema de fondo: qué es delito y qué no
Más allá del caso concreto, el asunto destapa una discusión jurídica que no se cierra con un comunicado. Hay quien sostiene que en lo publicado no se describe todavía una agresión tipificada como delito, y que parte de lo relatado estaría prescrito. Frente a eso pesa el argumento contrario: la ausencia de condena no equivale a inocencia, y la dificultad de probar según qué conductas no las convierte en aceptables. La única salida razonable en términos legales es la que apunta una parte del análisis: si se imputan delitos, que se sustancien ante un juez y con abogado.
El ruido, mientras tanto, tiene un efecto colateral que nadie discute: la conversación pública ha dejado de hablar de política y habla de habitaciones de hotel, de ascensores y de quién miró hacia otro lado. Eso, en términos de desgaste, cuesta más que cualquier comunicado.
Al final, la pregunta no es qué sabía Rita Maestre. La pregunta es qué hacemos todos los demás con lo que ahora sabemos.