La Eurocámara ve a Hungría fuera de la democracia plena
El Parlamento Europeo ha concluido que Hungría ya no puede considerarse una democracia plena. La votación llega pocos días antes de que la Comisión Europea recomiende recortar los fondos al país, el primero sometido al nuevo mecanismo de condicionalidad, según el cual no puede llegar dinero europeo a un Estado que incumpla el Estado de Derecho. La cifra sobre la mesa:
7.500 millones de euros congelados por corrupción. El calendario no es casual. Tampoco lo es que el expediente se abra justo cuando Budapest bloquea, negocia o diluye cada paquete de sanciones contra Moscú.
Qué ha pasado y por qué ahora
La secuencia la resume el propio material: primero el Europarlamento declara que Hungría no es una democracia plena; después, el ejecutivo comunitario recomienda suspender fondos por corrupción generalizada. Es la primera vez que se activa el mecanismo de condicionalidad, una herramienta que permite cortar el grifo a un socio que no cumpla con el Estado de Derecho. Según un cálculo que circula en el foro,
Orbán lleva en el poder desde 2002 —con interrupciones— y ha ido incrementando su apoyo elección tras elección, lo que complica el relato de que Bruselas defiende a los húngaros contra su propio Gobierno. Quien quiera ver ahí una operación de ingeniería política tiene material: el mismo ejecutivo que nadie ha votado decide qué país es demócrata y cuál no.
El sexto paquete de sanciones y la excepción húngara
Los líderes de la UE pactaron de madrugada un embargo parcial al petróleo ruso para sortear el veto de Viktor Orbán. El acuerdo deja fuera del embargo el crudo por oleoducto, del que Hungría depende al 100%. La exención se extiende también a
Eslovaquia y República Checa, y no lleva plazo en las conclusiones. El texto admite incluso el riesgo de distorsionar el mercado interior por el precio más barato del crudo ruso que llega por tubería frente al que viaja en barco. Traducción: se sanciona a Rusia, pero se protege al socio que más se resiste. La pregunta que sobrevuela es cuánto tiempo puede sostenerse esa asimetría sin que otros pidan lo mismo.
¿Es la corrupción la razón real o la excusa?
La acusación de corrupción generalizada es el argumento formal. Hay quien sostiene que es un pretexto: si el problema fuera el desvío de fondos, otros Estados con sentencias firmes por malversación de subvenciones europeas deberían estar en la misma lista, y no lo están. En contra pesa que el mecanismo es nuevo y Hungría es el primer caso, lo que convierte el expediente en un test. La discusión de fondo no es jurídica, sino política:
quién decide qué es una democracia y con qué vara se mide. La respuesta, de momento, la da un ejecutivo no electo.
El efecto contrario: Orbán se refuerza
La paradoja que recorre todo el asunto es que cada golpe externo tiende a consolidar al líder castigado. Según un mensaje del foro, la oposición húngara, derrotada cuatro veces en las urnas, usa su red internacional para presionar por el corte de fondos, lo que en Budapest se lee como injerencia. El resultado previsible es más apoyo a Orbán, no menos. Mientras, la UE se fragmenta por dentro: hay países que empiezan a mirar el dinero comunitario como un regalo envenenado y otros que calculan cuánto les costará el próximo invierno si el crudo por tubería se corta. La solidaridad tiene precio, y alguien tendrá que pagarlo.
La predicción con reservas: si el mecanismo de condicionalidad se consolida como arma política, el siguiente expediente no tardará. Polonia ya estuvo en el punto de mira antes de que su antirrusismo la salvara. Después vendrán los que no encajen en el relato único sobre Moscú. La pregunta no es si habrá más, sino a quién le toca y con qué excusa.