Debate sobre si Sánchez dimite y el foco en el PNV
El caso que salpica al entorno del presidente del Gobierno vuelve a poner sobre la mesa la pregunta de siempre: ¿quién sostiene a quién y a cambio de qué? En el subforo de Economía la respuesta se ha ido desplazando desde el núcleo del Ejecutivo hacia los socios parlamentarios. Varios participantes sostienen que el PNV, cuyo voto fue decisivo para que prosperara la moción de censura contra Mariano Rajoy tras el caso Gürtel, aparece ahora como sostén del Gobierno del PSOE. La paradoja que señalan es que los mismos diputados que auparon a Sánchez por corrupción ajena sostienen hoy al Ejecutivo mientras las informaciones se acumulan.
¿Por qué el PNV se lleva las críticas en este asunto?
La crítica más repetida en el arranque de la conversación no apunta al presidente, sino a los socios. Se argumenta que el PNV fue vital para la moción de censura contra Rajoy por la corrupción del PP y que ese movimiento abrió la puerta de La Moncloa a Sánchez. Ahora, esos mismos diputados sostienen al Gobierno y, según los intervinientes, no respaldarían una hipotética moción de censura contra él. La conclusión que se extrae es dura: la coherencia anticorrupción tendría fecha de caducidad cuando peligra la silla.
Hay quien va más allá y reparte la responsabilidad. No fue solo el PNV, se sostiene: fueron todos los que pactaron el poder. Rajoy pudo convocar elecciones y prefirió ceder el poder a sabiendas de quién era el inquilino y lo que iba a hacer. La frase que resume ese estado de ánimo es que aquí nadie dimite, ni con aceite hirviendo. La dimisión, en el imaginario colectivo de este país, se ha convertido en una figura retórica que solo practican los demás.
El cálculo del voto útil y la factura fiscal
El hilo deriva pronto hacia el terreno económico. Se discute si el Gobierno se ha portado bien con la clase trabajadora. Frente a quienes defienden que se ha creado empleo a niveles récord y que el SMI garantiza un suelo salarial, aparece la réplica: el empleo generado sería de baja cualificación, con una mayoría de fijos discontinuos y sostenido por fondos europeos. La discrepancia sobre la calidad del empleo creado es uno de los ejes del desencuentro.
La conversación fiscal es la que más chispa tiene. Un participante desglosa su tesis: a una retención media de IRPF del 27% hay que sumar el 21% de IVA sobre el gasto, lo que en su opinión se traduce en que casi la mitad del sueldo se va en impuestos. Y añade un detalle que suele pasar desapercibido: en la factura de la luz se aplica el impuesto de hidrocarburos y sobre ese impuesto se calcula después el IVA, es decir, impuestos sobre impuestos. La discusión sobre la presión fiscal real se convierte en un intercambio de cifras y de reproches.
La corrupción como arma arrojadiza de doble filo
El argumento de la corrupción se lanza en ambas direcciones. Una parte sostiene que la derecha y la ultraderecha no hacen oposición, sino que lanzan bulos contra Sánchez, y recuerda que el PP es el único partido condenado por corrupción en la historia de España. La respuesta es inmediata: ¿qué credibilidad tiene quien cacareaba la corrupción del PP y ahora mira para otro lado con la del PSOE por no perder la silla? Ciudadanos quiso echar a Rajoy sin poner a Sánchez, y al final se echó a Rajoy por una parte mínima de lo que ahora sale.
La sospecha sobre la autenticidad de los documentos también aparece. Se llega a plantear que la carta podría haberse fabricado a posteriori por el propio implicado para implicar al presidente. Es un ejemplo del nivel de desconfianza mutua: ni los papeles se dan por buenos. En ese clima, cualquier novedad se lee como una pieza de una pantomima mayor.
Votar o no votar: el debate de fondo
El hilo desemboca en una discusión sobre el valor del voto. Una corriente defiende que abstenerse es una forma de dignidad: no votar no va de obtener una recompensa, va de no ser el hazmerreír de la clase política. Otra responde que aceptar sin decir nada lo que hagan contigo es señal de pocas luces, y que un trabajador informado nunca votaría a según qué opciones. La discusión se encona y deriva en descalificaciones personales.
El cierre del hilo no llega a ninguna conclusión. Se queda en el punto exacto donde el análisis se atasca: si el problema es el presidente, los socios o un sistema diseñado para que siempre haya un Sánchez. La única certeza compartida es que nadie dimite.