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Salir de fiesta a los 80 años y beber aquarius en la discoteca que triunfa entre los abuelos de madrid: "somos mayores y queremos vivir lo que nos que
Los mayores de Madrid que bailan cada tarde y piden Aquarius
¿A qué edad se deja de salir de fiesta? En Madrid, a juzgar por lo que ocurre a escasos metros de Gran Vía, nunca. Una cola de personas mayores se agolpa cada tarde a las puertas de Golden, un club para la tercera edad donde Anastasio, de 75 años, entra cinco días a la semana y Fernando, que en unos días cumple 83, reserva seis. Solo descansa el sábado. Dentro les reciben tres primos —Adrián, Melanie y Jennifer— herederos de un negocio que abrieron sus padres hace más de cuatro décadas y que hoy vende, sobre todo, Aquarius.
Quiénes llenan la sala a las seis y media de la tarde
Dionisia acaba de cumplir 80 y va cuatro días por semana. Los otros tres los dedica a lo que ella llama «la vida completa»: teatro o restaurante con las amigas. Antes se desvivió por hijos, nietos y un marido que enfermó con apenas treinta años y murió a los 72. Aquello derivó en una depresión de la que, dice, la sacó una amiga cercana. «Desde que salgo de fiesta me ha cambiado la vida», resume. Su vaso siempre lleva una servilleta encima y su pedido no varía: cerveza sin alcohol rebajada con limón o gaseosa.
Fernando —Chato para los suyos— asegura que lleva saliendo desde los 12. Guarda en casa los trofeos de los concursos de baile que ganó cuando era, dice, el rey de las discotecas madrileñas. Se divorció de su primera mujer, quedó viudo de la segunda y desde hace seis años comparte su pasión por el baile con una compañera que los fines de semana se queda en su casa para ir a misa. Él es el mejor bailarín de la sala, o eso proclama. Anastasio, por su parte, baja las escaleras con soltura, conoce al personal desde la inauguración y suelta la frase que resume la escena: «Quiero estar con mujeres importantes, modelos».
Aquarius, agua y cerveza sin alcohol: la caja del local
El alcohol es, en este club, casi anecdótico. Fernando pide Aquarius de naranja y lo justifica: tiene el hierro alto. Anastasio no puede beber por prescripción médica y alterna agua y cerveza sin alcohol. Los responsables lo confirman: «Lo que más vendemos es Aquarius», y han pasado de reponer una caja a la semana a despachar seis. También entra Red Bull. La barra de madrugada se ha convertido aquí en algo parecido al mostrador de una farmacia amable.
El hueco que dejó la pandemia en la clientela
Los socios describen lo que vieron al reabrir tras la pandemia: clientes que ya no volvieron, unos por fallecimiento y otros por miedo, sobre todo quienes habían perdido a su pareja. Jennifer sigue llamando por teléfono a algunas de las clientas más longevas a las que ya no ve pasar por la puerta. «Les ha cambiado la mentalidad», admite, y lo señala como la parte más dura del oficio. De las varias salas que levantaron sus padres, solo una ha resistido el envite. Hacia la madrugada, la clientela rejuvenece hasta los 40 años: el público no ha variado en cuatro décadas, pero el reloj sí.
El choque generacional que se monta en la puerta
Ahí arranca la disputa. Una corriente sostiene que estos jubilados disfrutan de lo que no tuvieron y que la escena no es más que gente mayor socializando, «las fiestas del pueblo de toda la vida, pero con buenas instalaciones». Otra recuerda que el ser humano necesita relacionarse a cualquier edad y que a los 80 lo que sobra es soledad: amigos muertos, hijos con la vida hecha y pánico a morir solo. Y una tercera no traga: habla de falta de dignidad, de vergüenza ajena y de un contraste incómodo con quienes sostienen el sistema.
El dato que enciende la mecha no es el baile. Es el dinero. Hay quien apunta a pensiones de 2.000 a 2.500 euros al mes que se duplican con las pagas extra, con la casa pagada, mientras los hijos y nietos afrontan alquileres y sueldos que no acompañan. Un minero jubilado confesaba que echaba de menos la mina, aburrido de tanto tiempo libre. La brecha no es de edad: es de renta y de calendario. «Saturno devorando a sus hijos y a sus nietos», como resume un forero.
¿Por qué molesta ver a un octogenario bailando un pasodoble?
En los hogares de jubilados de algunos barrios el espectáculo es idéntico: peluquería, música a todo trapo y orquestas contratadas cada fin de semana. Quien lo observa de cerca admite cierta envidia y una pizca de culpa. El rechazo, sostienen, no nace de la moral sino del espejo: recordar que uno también envejecerá y que nadie garantiza llegar con ganas de moverse. Otros, en cambio, ven en el garito la prueba de que la juventud se ha apagado antes que los viejos.
Que un octogenario pida agua del tiempo en la barra no molesta a nadie. Molesta que la pague con una pensión que su nieto no va a oler.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«El ser humano necesita relacionarse, siempre, jugando desde niños o bailando con 70 años. A esa edad ya lo has vivido todo, muchos amigos han muerto, tus hijos tienen su vida hecha y tienes todo el tiempo del mundo.»
— Donnie · Necesidad de socializar a los 80
«Hablé hace poco con un minero jubilado de esos que cobran mínimo 2000-2500 €/mes de pensión (que en verano y navidades se duplican con la extra) y con la casa pagada y me dijo que echaba de menos la mina»
— Ace Tone · Pensión alta y aburrimiento
«Van en grupos, contratan orquestas o djs, es un cuadro verlos, a mí me gusta ver esa alegría porque la juventud está muerta.»
— Lux Mundi · Fiestas en hogares de jubilados
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Derecho a disfrutar lo que queda40%
Crítica a pensiones y gasto30%
Cada edad tiene su sitio15%
Indiferencia total15%
📌 DATOS
Anastasio tiene 75 años y sale de fiesta cinco días a la semana
Dionisia acaba de cumplir 80 años y acude a la sala cuatro días a la semana
Fernando celebrará su 83 cumpleaños en unos días y asiste seis días por semana
El local pasó de pedir una caja de Aquarius a la semana a vender seis
📅 EVOLUCIÓN
Hace más de cuatro décadasLos padres de los actuales socios abren varias salas de baile en Madrid; hoy solo resiste una
Pandemia de COVID-19El cierre y la reapertura dejan a la vista los clientes que ya no volvieron
Hace seis añosFernando encuentra a una compañera con quien comparte su afición por el baile
Actualidad del reportajeEl local llena cada tarde con clientes de hasta 83 años que piden sobre todo refrescos
✓El detalle de ventas que explica el cambio de hábitos en la barra: de una caja de Aquarius semanal a seis
✓El testimonio de un minero jubilado con pensión duplicada en verano que asegura añorar el tajo
✓El recorrido completo del asunto: del chiste fácil al análisis de la brecha de renta entre generaciones
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