Idealista avisa: España camina hacia el chabolismo
Fernando Encinar, cofundador de Idealista, lo dijo sin rodeos en un evento inmobiliario organizado por IESE, Savills y Tinsa: «En España vamos hacia el chabolismo». No hablaba de un futurible lejano, sino de una situación que, según su diagnóstico, ya está en marcha. La oferta de vivienda se está secando a un ritmo que él califica de dramático y las decisiones políticas, sostiene, agravan el problema en lugar de resolverlo.
La oferta de alquiler se desploma en Madrid y Barcelona
Los números que maneja el portal son elocuentes. En Madrid, la oferta disponible ha pasado de
14.000 a 8.000 unidades. En Barcelona, de un volumen similar a quedarse en
5.000 pisos. Encinar lo describe como un drenaje: los afluentes de producto en alquiler se han secado, los inversores que reformaban cientos de miles de viviendas para ponerlas en el mercado ya no aparecen y los fondos, dice, están desinvirtiendo a una velocidad inusitada.
La consecuencia, según su análisis, es que el aumento de las ventas de vivienda del último año no viene de nuevos compradores ilusionados, sino de inquilinos expulsados del alquiler. Gente que ya no encuentra nada y se ve empujada a comprar o, directamente, a buscarse la vida por su cuenta.
«Vamos a ver chabolismo»: qué significa exactamente
La predicción de Encinar es literal: «La gente se va a hacer sus casas y el problema social va a ser enorme». No habla de un retorno nostálgico a las chabolas de la posguerra, sino de un fenómeno espontáneo de autoconstrucción precaria ante la imposibilidad de acceder a una vivienda reglada. El fundador de Idealista lo atribuye a una combinación de factores: reducción de la oferta, inseguridad jurídica para el propietario y un marco regulatorio que, a su juicio, castiga al que pone su casa en alquiler.
Su receta es tan simple como políticamente incómoda: «sacar las manos ideológicas de un problema que se resuelve con economía». Traducido: garantías, estabilidad legal y seguridad para el propietario. Lo contrario, dice, de lo que se está haciendo.
El propietario como enemigo: la tesis de la inseguridad jurídica
Encinar pone el foco en el índice de actualización de la renta, que según él asume con normalidad que siempre estará por debajo de la inflación. Su frase resume el malestar del sector: «El mensaje que le damos a los propietarios es: vas a pagar tu inflación y también vas a financiar la del inquilino». Con ese panorama, sostiene, hay vehículos igual o más rentables que la vivienda, como una letra del tesoro, y el capital se marcha.
Ese argumento resuena en experiencias concretas. Un propietario de un local comercial en una ciudad catalana cercana a Barcelona relata que está recibiendo llamadas de personas sin recursos que pretenden ocuparlo como vivienda, porque les piden menos que por un piso de 110 metros. Su conclusión: dejar de buscar inquilino, ponerlo solo a la venta o mantenerlo cerrado. La inseguridad jurídica, dice, no permite arriesgarse.
De la okupación a la chabola: el debate social
La conversación derivó hacia terrenos más amplios. Hay quien sostiene que el problema no es de oferta sino de reparto. Otros apuntan a la inmigración como factor de presión sobre la demanda, aunque sin datos que lo cuantifiquen. Y no faltan los que recuerdan que el chabolismo fue masivo en la España de los años sesenta y setenta, y que de aquellos barrios se salió con políticas públicas de realojo.
La nota irónica la pone quien señala que, con la regulación actual, ni siquiera se puede levantar una chabola legalmente: haría falta suelo, licencia y papeleo. La conclusión implícita es que el chabolismo del que habla Encinar no será un fenómeno ordenado, sino la constatación de que el sistema ha dejado de funcionar para una parte creciente de la población.
La predicción de Encinar es incómoda porque no ofrece un final feliz. Si la oferta sigue drenándose y el capital sigue huyendo, el escenario que dibuja —autoconstrucción precaria, presión sobre el suelo y conflicto social— tiene visos de cumplirse. O no. Depende de si alguien, en algún momento, decide que la economía importa más que el relato.