Isaías condena los rituales vacíos que hoy se replican en internet
La lectura de Isaías 1,10-17, que abre el hilo del evangelio del lunes 13 de julio, contiene una de las denuncias más radicales del Antiguo Testamento contra el formalismo religioso: «No me traigáis más inútiles ofrendas… vuestras solemnidades las detesto». Sin embargo, ese mismo fragmento se inserta en un ritual digital perfectamente estructurado: la misma cabecera, el santoral del día, la homilía del padre Santiago Martín, la Coronilla a las 15 horas. Una performance que parece desafiar al profeta.
Evangelio en modo serie: devoción o costumbre
El hilo reproduce, sin variación, la liturgia católica diaria. El usuario que lo publica actúa como un oficiante laico: copia las lecturas, añade el santoral y la homilía, y cierra con la Coronilla de la Divina Misericordia. Las respuestas se limitan a saludos matutinos o, como en el caso de CommiePig, a glosas sobre la ofrenda del corazón sincero. Pero el conjunto es una maquinaria predecible, donde el contenido importa menos que la repetición.
La paradoja que el hilo ignora
Isaías no ataca el culto en sí, sino la desconexión entre el rito y la justicia social: «Buscad la justicia, socorred al oprimido». En el hilo, esa llamada queda sepultada bajo la cita de terceros, los agradecimientos y los enlaces. El propio fragmento de los Apotegmas de los Padres del Desierto, traídos por Trófimo, apunta en la misma dirección: la vida espiritual no es repetición, sino lucha interior. Sin embargo, el formato conspira contra el mensaje.
¿Es esta digitalización de la piedad una nueva forma de oración comunitaria o, como advierte el profeta, una manera de eludir el compromiso real? El hilo no responde: sigue su curso, fiel a su rutina.