Religión: Santo evangelio de hoy. Martes, 22 de septiembre, "Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos" *******************************Sto.Rosario a las 22.00

Santo evangelio de hoy. Martes, 22 de septiembre, "Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos" *******************************Sto.Rosario a las 22.00
RESUMEN

Jesús amplía el concepto de familia, priorizando a quienes escuchan y cumplen la palabra de Dios sobre los lazos de sangre.

El corazón del rey y la acequia del Señor

El corazón humano, ese motor complejo que nos impulsa, es algo que, según los Proverbios, no siempre manejamos a nuestro antojo. Se nos presenta como una acequia, una canalización, que el Señor puede dirigir hacia donde le plazca. Esto nos recuerda que, por mucho que creamos tener el control, hay fuerzas mayores que moldean nuestro destino. Y no se trata solo de la voluntad divina; la forma en que actuamos también deja su huella. El libro de los Proverbios insiste en que practicar el derecho y la justicia es algo que el Señor prefiere por encima de cualquier sacrificio. No basta con gestos externos; la rectitud en nuestras acciones y la equidad en nuestro trato son fundamentales.

La lectura nos advierte sobre las tentaciones que nos alejan de este camino. Los ojos altivos y un corazón ambicioso son faros para los malvados, señales de que el pecado acecha. Los planes bien trazados, aquellos nacidos de la diligencia, suelen traer consigo ganancias. En cambio, la precipitación y la falta de previsión conducen a la indigencia. Y qué decir de los tesoros mal habidos, aquellos ganados con mentiras y engaños; se disipan como humo y acaban siendo una trampa mortal. El malvado, en su afán, rara vez se apiada del prójimo. El Señor castiga al cínico, sí, pero es el sabio quien aprende de la lección, quien escucha y reflexiona. El honrado, por su parte, observa la casa del malvado y constata cómo se hunde en la desgracia. Quien cierra sus oídos al clamor del pobre, no puede esperar ser escuchado cuando él mismo necesite ayuda.

La senda de los mandatos

El Salmo 118 nos llama a meditar en la ley del Señor, considerándola dichosa y digna de ser seguida. Nos pide que seamos instruidos en el camino de sus decretos, para poder meditar en sus maravillas. La elección del camino verdadero, el anhelo de los mandamientos, se presenta como una aspiración fundamental. La súplica es clara: enséñanos a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. La guía que se pide es por la senda de los mandatos, porque en ella reside el gozo. La promesa es de una voluntad cumplida sin cesar, por siempre jamás.

Esta búsqueda de la guía divina y la observancia de sus mandatos no es un camino solitario. Implica una profunda conexión con principios que buscan el bienestar general y la dignidad de cada persona. La fe, entendida como una adhesión a estos principios, nos llama a ser agentes de justicia y equidad. No se trata de una práctica meramente ritual o individual, sino de un compromiso activo con el prójimo, especialmente con aquellos que sufren y carecen de voz. La indiferencia ante el sufrimiento ajeno, la codicia que genera desigualdades, son actitudes que la lectura de los Proverbios denuncia con firmeza.

Ensanchando la familia

La escena que nos presenta el Evangelio según san Lucas es curiosa. Llegan a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero no logran acercarse a él debido a la multitud. Cuando le avisan que están fuera y quieren verlo, Jesús responde de una manera que podría parecer desconcertante a primera vista: "Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen". Con esta afirmación, Jesús no está despreciando los lazos familiares de sangre, sino más bien ampliando el concepto de familia. Está revelando que la verdadera familia de Dios no se construye únicamente por parentesco, sino por la adhesión a su palabra y la práctica de sus enseñanzas.

Esta nueva concepción de familia nos invita a abrirnos al hermano, especialmente al más pequeño, débil y vulnerable. La voluntad de Dios no se cumple solo con palabras piadosas o con el mero cumplimiento de normativas. Requiere cuidar la vida, dejarse tocar por el dolor del prójimo y trascender una fe que se queda en lo individual y ritualista. Jesús crea una familia nueva, una fraternidad del Reino, donde nadie sobra, nadie queda fuera, nadie vale menos. En esta familia, quienes escuchan la palabra de Dios y la cumplen, junto con las personas más pequeñas y vulnerables, ocupan un lugar central en el corazón de Dios.

Por lo tanto, escuchar la Palabra nos obliga a preguntarnos a quién estamos dejando fuera de nuestra mesa, de nuestra comunidad o de nuestros cuidados. Implica preguntarnos a quién estamos acompañando, defendiendo, sosteniendo y escuchando. Cada vez que ensanchamos nuestra familia hacia los más rechazados, estamos haciendo visible la familia de Jesús. El Evangelio de hoy nos invita a ampliar el corazón y a reconocer como familia a quienes el mundo suele olvidar. Porque allí donde los pequeños son acogidos como hermanos y hermanas, la Palabra de Dios se cumple y el Reino empieza a crecer.

Datos clave
  • Proverbios 21, 1-6. 10-13
  • Salmo 118, 1. 27. 30. 34. 35. 44
  • San Lucas 8, 19-21
  • Jesús redefine la familia
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