rafabogado
Será en Octubre
29.09.26. Santo Rosario.
Desde Lourdes (hoy en castellano):
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Letanías (no son obligatorias, pero agradan a nuestra Progenitora del Cielo):
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Salve
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Ave María (cantado)
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¿Cómo se reza el Rosario? Con viñetas explicativas.
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Promesas del Rosario (apariciones marianas):
Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y defendernos de las herejías.
Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una gloria violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su gloria encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la gloria participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
Mi descendiente me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la gloria.
Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único descendiente, Jesucristo.
La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
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A continuación, el Evangelio de hoy martes y las lecturas:
“ Sí. Él nos conoce, ¿le conocemos nosotros? ”
Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de descendiente de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Descendiente de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Descendiente del hombre».
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Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de D. Félix García Sevillano O.P., de la Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo).
Dios nos está hablando desde la eternidad, el problema es el poco caso que le prestamos. Creo firmemente que Dios nos lo ha dicho todo, nos lo ha dado todo, pero nos viene bien olvidar sus palabras y hacernos los despistados. Podríamos fijarnos en algunos ejemplos: En la llamada “Oración de los fieles”, que raramente es “de los fieles”, podemos escuchar algunas peticiones que rayan lo pintoresco: “pidamos por los que tienen hambre, para que Dios les de pan” y respondemos, cargados de razón, “te lo pedimos, Señor o algo parecido. Obviamente olvidamos todas las veces que Jesús nos ha dicho: ¡Dadles vosotros de comer!
Y descargamos nuestra conciencia pidiéndole a Dios que solucione el problema. Claro: Dios bien puede arreglar el hambre, la falta de un techo donde guarecerse y cualquier otra necesidad, y nos quedamos tan conformes, tan satisfechos que olvidamos que Dios ya nos ha dado los medios, pero nosotros no queremos implicarnos en la solución.
¡Qué lo arregle el Todopoderoso! Y no hablamos de los “enchufes”; protestamos por las corruptelas entre los políticos y/o poderosos, pero no tenemos empacho en pedir a los santos del cielo que intervengan en nuestro favor, aunque vayan en contra de otros-, y nos den aquello que creemos merecer, o necesitar, sin pensar en ningún momento que “miles y miles le servían y millones estaban a sus órdenes”. Nosotros pretendemos servirnos de Él, no servirle.
Natanael, posiblemente conocido con Bartolomé después, está debajo de la higuera, posiblemente era su lugar de oración, de retiro discreto donde entregarse a un diálogo vivo e intenso con Dios. Es posiblemente un seguimiento, antes de conocerlo, de aquel consejo que Jesús nos ha dado: “Cuando ores, retírate a lo discreto, a la sombra, y allí establece el diálogo con el Padre, que ve todo lo oculto y escucha el silencio”.
No pocas veces creemos orar, cuando lo que hacemos es rezar oraciones “de otro”, que no salen de nuestro corazón. Orar se deriva del griego “oraoo” que no significa recitar palabras, sino ver, mirar, contemplar, comprender y, también dialogar con la mente y el corazón abiertos a la escucha del mensaje que Dios, sin duda, nos va a dar. De nosotros depende oír, escuchar, lo que Dios nos quiere decir. Eso es orar, no enterrar a Dios con palabras, puede que muy bellas, pero que si no salen del alma no significan nada.
Seamos como Natanael: personas orantes a la sombra de la higuera, prestos a escuchar el mensaje que nos vendrá de Dios, tal vez en forma de silencio, pero siempre límpido y provechoso, de forma que podamos desabrigadar nuestro corazón y decir también nosotros: “Rabí, tu eres el descendiente de Dios”, y escuchar que Jesús nos dice, -enlazando con el apocalipsis de Daniel-, que veremos el cielo abierto y miríadas de ángeles subiendo y bajando sobre el Descendiente de Hombre. Y siempre podremos decir, como el Salmo 137:
Canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.
Fuente: Sí. Él nos conoce, ¿le conocemos nosotros?
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
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Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
Desde Lourdes (hoy en castellano):
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Letanías (no son obligatorias, pero agradan a nuestra Progenitora del Cielo):
Salve
Ave María (cantado)
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¿Cómo se reza el Rosario? Con viñetas explicativas.
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Promesas del Rosario (apariciones marianas):
Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno, destruirá los vicios, disminuirá los pecados, y defendernos de las herejías.
Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una gloria violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su gloria encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la gloria participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
Libraré del purgatorio a quienes recen el Rosario devotamente.
Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
Mi descendiente me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la gloria.
Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único descendiente, Jesucristo.
La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
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A continuación, el Evangelio de hoy martes y las lecturas:
“ Sí. Él nos conoce, ¿le conocemos nosotros? ”
Primera lectura
Lectura de la profecía de Daniel 7,9-10.13-14
Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de descendiente de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.
Salmo de hoy
Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8 R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 1,47-51
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».
Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».
Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Descendiente de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».
Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Descendiente del hombre».
---
Bonus: Añado los comentarios de los dominicos con el Evangelio anterior, así como los del padre Pedro Brassesco, en YT. Para quien prefiera las reflexiones por escrito, las dejo a continuación, hoy a cargo de D. Félix García Sevillano O.P., de la Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo).
Reflexión del Evangelio de hoy
“Su poder es un poder eterno, no cesará”
Parece que Daniel, deportado en Babilonia en tiempo de Nabucodonosor, nos está presentando un apocalipsis similar al que San Juan nos va a narrar algunos siglos después, casi llegando al final del primer siglo cristiano. Es la eternidad de Dios pasado a mensajes sucesivos.Dios nos está hablando desde la eternidad, el problema es el poco caso que le prestamos. Creo firmemente que Dios nos lo ha dicho todo, nos lo ha dado todo, pero nos viene bien olvidar sus palabras y hacernos los despistados. Podríamos fijarnos en algunos ejemplos: En la llamada “Oración de los fieles”, que raramente es “de los fieles”, podemos escuchar algunas peticiones que rayan lo pintoresco: “pidamos por los que tienen hambre, para que Dios les de pan” y respondemos, cargados de razón, “te lo pedimos, Señor o algo parecido. Obviamente olvidamos todas las veces que Jesús nos ha dicho: ¡Dadles vosotros de comer!
Y descargamos nuestra conciencia pidiéndole a Dios que solucione el problema. Claro: Dios bien puede arreglar el hambre, la falta de un techo donde guarecerse y cualquier otra necesidad, y nos quedamos tan conformes, tan satisfechos que olvidamos que Dios ya nos ha dado los medios, pero nosotros no queremos implicarnos en la solución.
¡Qué lo arregle el Todopoderoso! Y no hablamos de los “enchufes”; protestamos por las corruptelas entre los políticos y/o poderosos, pero no tenemos empacho en pedir a los santos del cielo que intervengan en nuestro favor, aunque vayan en contra de otros-, y nos den aquello que creemos merecer, o necesitar, sin pensar en ningún momento que “miles y miles le servían y millones estaban a sus órdenes”. Nosotros pretendemos servirnos de Él, no servirle.
“¿De qué me conoces?”
Es la pregunta de un Natanael sorprendido porque Jesús lo conozca. Siempre nos sorprende Dios abriéndonos los ojos y llamándonos por nuestro nombre. Él nos conoce sin duda alguna; conoce cuando dormimos y cuando despertamos, sabe cuándo vamos y cuando venimos; nuestros pensamientos más ocultos, son para Él más luminosos que el propio día.Natanael, posiblemente conocido con Bartolomé después, está debajo de la higuera, posiblemente era su lugar de oración, de retiro discreto donde entregarse a un diálogo vivo e intenso con Dios. Es posiblemente un seguimiento, antes de conocerlo, de aquel consejo que Jesús nos ha dado: “Cuando ores, retírate a lo discreto, a la sombra, y allí establece el diálogo con el Padre, que ve todo lo oculto y escucha el silencio”.
No pocas veces creemos orar, cuando lo que hacemos es rezar oraciones “de otro”, que no salen de nuestro corazón. Orar se deriva del griego “oraoo” que no significa recitar palabras, sino ver, mirar, contemplar, comprender y, también dialogar con la mente y el corazón abiertos a la escucha del mensaje que Dios, sin duda, nos va a dar. De nosotros depende oír, escuchar, lo que Dios nos quiere decir. Eso es orar, no enterrar a Dios con palabras, puede que muy bellas, pero que si no salen del alma no significan nada.
Seamos como Natanael: personas orantes a la sombra de la higuera, prestos a escuchar el mensaje que nos vendrá de Dios, tal vez en forma de silencio, pero siempre límpido y provechoso, de forma que podamos desabrigadar nuestro corazón y decir también nosotros: “Rabí, tu eres el descendiente de Dios”, y escuchar que Jesús nos dice, -enlazando con el apocalipsis de Daniel-, que veremos el cielo abierto y miríadas de ángeles subiendo y bajando sobre el Descendiente de Hombre. Y siempre podremos decir, como el Salmo 137:
Canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.
Fuente: Sí. Él nos conoce, ¿le conocemos nosotros?
Y porque has resucitado, te damos las gracias. Contigo seremos invencibles. Contigo, llamados a la Vida.
(imagen visible para usuarios registrados)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90)
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