Bajmut se apaga: puentes volados y Wagner bailando sobre las ruinas
La batalla por Bajmut encara su fase final. La artillería ucraniana habría destruido el puente sobre la última ruta de suministro que entraba y salía de la ciudad, según los mensajes que circulan por redes sociales y que recoge el hilo de discusión. La voladura de infraestructuras en los alrededores —casi todos los puentes de los arrabales, según una de las fuentes citadas— apuntaría a una retirada total inminente, con vehículos blindados moviéndose hacia el oeste durante la noche anterior. En paralelo, una unidad de reconocimiento aéreo ucraniana, conocida por el indicativo de su mando, habría recibido orden de abandonar la plaza de forma urgente. La ciudad, sostienen quienes siguen el frente, estaría prácticamente vacía y a merced de las fuerzas rusas.
Siete meses de asedio para una ciudad como Soria
El primer dato que salta a la vista es el calendario. Las estimaciones que manejan los participantes del hilo oscilan entre los cinco y los nueve meses de asalto continuado, con la mayoría de las versiones apuntando a un periodo que arrancó en el verano del año anterior. La comparación con la geografía española aparece en los mensajes: Bajmut tiene un tamaño y una población similares a los de Soria, y sin embargo ha consumido un volumen de recursos militares desproporcionado.
El ejército ruso, presentado durante décadas como el segundo del mundo, no ha logrado doblegar una plaza de provincias en tres cuartos de año.
La ironía recorre buena parte de los mensajes. Se recuerda que ni Napoleón pudo tomar Cádiz por tierra ni por mar tras más de dos años y medio de sitio, y se compara el desgaste con el que sufrirían los ucranianos si intentaran asaltar las fortificaciones rusas levantadas en el Donbás. La guerra, vienen a decir, es esto: bastiones que se toman a precio de matanza.
El desgaste: 50.000 bajas y un ejército mermado
Las cifras que se barajan en la discusión son difíciles de verificar, pero marcan el tono. Una de las más repetidas habla de
50.000 bajas ucranianas para defender una ciudad que muchos consideran menor. Otra corriente sostiene que Ucrania ha gastado en armamento más que todo el presupuesto de defensa ruso, y que ese esfuerzo no ha impedido que Moscú siga mordiendo terreno.
El análisis más técnico apunta a un cambio de doctrina. Frente a la imagen de oleadas humanas que se lanzan contra las trincheras, varios mensajes describen una táctica de fuego superior: artillería de distintos calibres, munición termobárica y cohetes machacando posiciones defensivas durante semanas.
Los bastiones, sostienen, solo sirven para ralentizar al atacante, no para frenarlo para siempre. Y si el atacante tiene superioridad artillera local, la defensa se convierte en un ejercicio de resistencia sin garantía de causar más bajas de las que recibe.
¿Quién gana y quién pierde con la caída de Bajmut?
Aquí las posturas se dividen. Hay quien sostiene que la toma de Bajmut es un éxito ruso de manual: se ha anulado y derrotado al grueso del ejército ucraniano, y a partir de ahora el camino será más fácil para Moscú y más difícil para Kiev. Enfrente, la lectura es que
el desgaste lo ha sufrido Wagner, no el ejército regular ruso, y que la pérdida de la ciudad no cambia el equilibrio estratégico. La voladura de puentes, en esta versión, sería una maniobra defensiva para evitar el cerco, no una señal de derrota.
La discusión sobre el futuro inmediato es igual de incierta. Unos anticipan que las fuerzas rusas seguirán hacia la siguiente ciudad y que la moral ucraniana caerá, con riesgo de fractura interna. Otros recuerdan que los objetivos reales de cada bando no están claros, y que atribuir intenciones precisas a Moscú es un ejercicio especulativo.
La guerra de los relatos: de la victoria anunciada al baile checheno
El hilo también refleja la batalla narrativa. En los días previos, algunos mensajes daban por hecho que los ucranianos habían expulsado a los rusos de la ciudad; ahora se anuncia su caída inminente. Esa volatilidad alimenta el escepticismo:
cada jornada trae un nuevo parte de victoria y una nueva corrección. En el lado ruso, la propaganda celebra con vídeos de tropas chechenas bailando sobre el terreno tomado, un gesto que algunos interpretan como confirmación del control efectivo y otros como puro teatro.
La discusión deriva hacia terrenos más amplios: el papel de la OTAN, la ayuda de una treintena de países, la supuesta debilidad de Rusia y el coste humano de una guerra que se libra a miles de kilómetros de las capitales que la financian.
La guerra tortuga, la llaman algunos: avanzar despacio, destruir todo y no correr riesgos propios.
Con estos mimbres, la caída de Bajmut parece cuestión de días, pero nadie se atreve a poner fecha. La voladura de los últimos puentes deja la ciudad aislada, y eso suele ser el preludio de una retirada. Lo que venga después —una nueva línea defensiva, una contraofensiva ucraniana o simplemente más ruinas— es lo que ninguna de las fuentes consultadas se atreve a asegurar. La única certeza es que el mapa se mueve, y que el coste de cada centímetro sigue siendo humano.