La muerte del director jurídico de La Caixa y el bulo de la fecha
Un tuit fue suficiente. A partir de él se construyó un relato de ajuste de cuentas: el director jurídico de La Caixa habría fallecido en un
accidente de moto poco después de ser llamado a declarar ante un juez, y esa coincidencia bastaba para leerlo como un encargo ejecutado a la perfección. El texto añadía comparaciones de alto voltaje —
Emilio Botín,
John McAfee— y una sentencia sobre la prensa. Tenía un fallo de base que no era el de siempre. La primera información sobre esa muerte
es de julio de 2021.
¿Qué se dijo sobre el director jurídico de La Caixa?
El punto de partida era un mensaje que daba por hecho el asesinato disfrazado. El fallecido había muerto «oficialmente» de accidente de moto, con el adverbio entrecomillado y cargado de intención, y el texto deslizaba la máxima del oficio: cuando se contrata a un profesional, lo importante no es matar, sino que parezca un accidente. De ahí saltaba a
Emilio Botín y a
John McAfee, presentado como un suicidio en un calabozo español con colaboración policial. Nada de eso venía acompañado de un solo documento.
La pieza que sí existía era otra: una
citación judicial. El directivo había sido llamado a declarar y la secuencia temporal parecía cerrar el círculo. Cualquiera que haya seguido asuntos de gran empresa reconoce el atajo: si alguien iba a hablar y muere, encaja. Encaja casi siempre. Ahí está su fuerza y ahí, también, su trampa.
La noticia era de julio de 2021
Los enlaces que se manejaron, uno de
El Confidencial y otro de
Europa Press,
están fechados en 2021. La primera información sobre la muerte es de julio de aquel año, y la declaración en sede judicial que se usaba como detonante corresponde igualmente a esas fechas. No era una exclusiva recién salida del horno, sino un asunto de años antes resucitado como si acabara de ocurrir. El hombre que aparecía en la noticia tenía
47 años y era directivo de la entidad.
Lo llamativo no es que alguien confundiera una fecha. Es que una quincena de intervenciones se encadenaran sobre el mismo error sin que ninguna abriera el enlace para mirar el calendario. Una lo admitía con humor amargo: haber quedado en ridículo esa misma noche contándolo y la promesa de no volver a hacerlo. La corrección llegó, eso sí, con la ironía justa: quien descubre el fallo suele cobrar en condescendencia.
Por qué el patrón encaja tan bien
El molde no es nuevo. Cada cierto tiempo aparece un fallecimiento súbito y alguien reconstruye una serie:
Blesa,
Ángel Nieto, el periodista
Antonio Herrero, incluso el japonés
Takeshi Kitano y su casi accidente en moto. La lista crece porque el criterio de entrada es amplísimo —basta con que la muerte sea repentina y el muerto, conocido— y porque salir de ella exige datos que casi nadie aporta. Se llegó a mencionar, como muestra del mismo mecanismo, el atropello de una dirigente catalana en 2015, presentado sin más prueba que la coincidencia.
En esa mezcla entra también el detalle técnico. Se apuntó que un siniestro de moto admite muchas formas y que a veces el arcén, las maniobras de acceso a un restaurante o una caída a poca velocidad explican más que cualquier mano negra. Y asoma la hipótesis incómoda: el accidente de tráfico como salida discreta, sin pleito con el seguro de vida. Una puerta que se cierra y ya no se puede reabrir para preguntar.
El bulo de la prensa que no investiga
Hay una línea que reaparece siempre: los medios ocultan, la justicia calla, todo el mundo mira a otro lado. Es una acusación que se lanzó sin aportar un solo documento que la respaldara, y conviene decir exactamente eso. La sospecha no es un dato. Cuando la única prueba es que nadie ha desmentido algo que se acaba de inventar, el argumento se sostiene sobre su propio eco. Lo paradójico es que el relato no necesita ser cierto para circular: necesita ser verosímil y rápido. Una fecha al pie de una noticia es lo último que se lee y lo primero que desarma la historia.
La consecuencia práctica es sencilla y aburrida. Si el lector quiere comprobar la secuencia completa —qué se publicó, cuándo y con qué enlace—, el rastro está en la discusión original, y la distancia entre lo que se afirmó y lo que las fechas permiten afirmar es mayor de lo que sugiere el ruido. El dato que descoloca no es ninguna conspiración. Es un mes y un año:
julio de 2021.