El IMSERSO abre 879.213 plazas y desata colas al amanecer
La campaña 2026/2027 de los viajes del IMSERSO arrancó con 879.213 plazas disponibles y precios que parten de 50 euros. El resultado: colas kilométricas en agencias de A Coruña y Málaga, con jubilados esperando desde las seis de la mañana, y en Málaga muchos se quedaron sin la plaza en el destino elegido. En Asturias, conseguir plaza se describe como cada vez más difícil. Según se sostiene en el debate, las plazas se adjudican por orden de llegada.
Cada campaña funciona como una operación de turismo subvencionado y su apertura genera grandes colas. La letra pequeña —quién paga, cuánto y por qué— es justo donde se rompe cualquier consenso.
Cuánto cuesta cada plaza del IMSERSO
Aquí las cuentas se tuercen según desde dónde se miren. Según un cálculo que circula en el debate, el presupuesto del ramo ronda los 300 millones de euros al año. Si se repartiera entre los más de seis millones de pensionistas, saldría a menos de 50 euros por cabeza y ejercicio.
El cálculo cambia cuando se divide entre quienes realmente viajan: según esa misma estimación, unos 880.000 desplazamientos por campaña situarían la subvención media en torno a los 340 euros por plaza. Distribuir entre todos o entre los que usan el servicio no es lo mismo, y de esa elección salen casi todos los titulares.
Por qué el cupo se agota a las seis de la mañana
El sistema prima al madrugador. Las plazas se adjudican por orden de solicitud, así que la agencia que abre antes vende antes. De ahí las colas interminables y los casos de personas que se quedaron fuera del destino que querían en Málaga o Asturias mientras otras zonas cerraban su cupo en horas.
A esto se suma, según un usuario del debate, un incentivo perverso: desde hace dos campañas se cobrarían 100 euros adicionales por el segundo viaje y otros 100 por temporada alta, una medida que pretendía frenar a quien acaparaba varias salidas al año pero que también castiga al usuario que repite.
Pensiones por encima del SMI y viajes a 50 euros: el choque generacional
El frente más áspero no es el logístico, es el redistributivo. Hay quien sostiene que subvencionar el ocio de un colectivo que en muchos casos cobra por encima del salario mínimo y acumula patrimonio —vivienda en propiedad, sobre todo— es un agravio frente a un trabajador en activo que apenas puede pagarse vacaciones. El argumento de la escasez de posguerra, añaden, caducó hace décadas.
Enfrente pesa otra lectura: que la ayuda no se dirige al rico jubilado, sino a llenar camas en temporada baja. Es la vieja discusión sobre si el Estado debe financiar consumo o corregir desigualdad.
Subvención al hotelero disfrazada de política social
La sospecha recorre el sector entero: buena parte del gasto acabaría en manos de la patronal hotelera, que garantiza ocupación en meses muertos a cambio de un precio tasado. Quienes defienden el programa replican que ese es precisamente el retorno —empleo y actividad en zonas dependientes del turismo estacional—. Hay quien sostiene que ningún otro país europeo mantiene un programa equivalente: la excepcionalidad española se lee como orgullo o como anomalía, según quién mire.
Queda el trasfondo político: hay quien sostiene que ambos grandes partidos saben que tocar el IMSERSO cuesta votos. Mantener contento a un bloque electoral creciente y disciplinado sería más barato que explicar un recorte.
Con 879.213 plazas y una demanda que desborda la oferta, lo previsible es que las colas se repitan cada campaña.