Las ventas de Tesla caen en Europa y el debate se envenena
Un concesionario europeo con los coches alineados y nadie dentro. Las ventas de Tesla se desploman en Europa y el motivo que señalan los compradores no está en el capó: está en la cuenta de X de su dueño. El activismo político de Elon Musk se ha convertido en el argumento más repetido para explicar por qué el coche eléctrico más vendido del mundo ha dejado de venderse como antes en el Viejo Continente.
La reacción no se hizo esperar. Hay quien sostiene que el desplome no tiene nada que ver con la política y que la verdadera razón es que la marca ya ha vendido a casi todos los que querían y podían comprar un eléctrico. Otros apuntan a la retirada de las ayudas públicas a la compra. Y un tercer grupo, más ruidoso, directamente celebra la caída como castigo al dueño.
¿Por qué caen las ventas de Tesla en Europa?
El argumento más repetido en la conversación es el político. Musk se ha metido de lleno en el debate público europeo y una parte de los compradores potenciales ha decidido que no quiere financiar con su dinero las opiniones de su dueño. Es lo que se ha llamado en otros sectores el voto con la cartera: el producto es bueno, pero el dueño molesta.
En contra pesa un dato incómodo. Tesla vendió 17 millones de coches en 2024, un récord mundial, según la información que se ha compartido en la discusión. Si el boicot político fuera el factor determinante, ese récord no cuadraría. La cifra la aporta un participante que la atribuye a Reuters.
El segundo argumento es más prosaico: la retirada de las ayudas públicas a la compra de eléctricos. Cuando el Estado deja de poner dinero, el producto tiene que venderse solo. Y si el producto necesita ayudas para ser competitivo, la pregunta es por qué.
El precio, la autonomía y el contrato que nadie lee
Más allá del ruido político, hay un problema de producto que el debate saca a la luz. Los eléctricos son caros, y su amortización es dudosa. Un participante calcula que un eléctrico no vivirá 25 años como un térmico sin gastar un dineral en baterías, lo que encarece el coste por kilómetro recorrido. Otro responde que las baterías de su Tesla cuestan ahora unos 9.000 euros instaladas y que en tres o cuatro años deberían bajar a menos de 3.000.
Hay un tercer frente, más inquietante: el contrato. Un participante asegura que el contrato de Tesla indica claramente que el coche no te pertenece a ti, sino a la marca, y que te lo pueden parar cuando quieran. Es una afirmación que no se ha verificado en la discusión, pero que ha encendido el debate sobre la propiedad real de un coche conectado.
El contexto que se olvida: toda la industria cae
Frente al relato del castigo político, hay un dato que descoloca: toda la industria del automóvil cae en una proporción similar. Mercedes, BMW, Ford, el grupo Volkswagen, Stellantis. Si el problema fuera Musk, solo caería Tesla. Si el problema es el mercado, caen todos.
Es el argumento más sólido de quienes rechazan la tesis del boicot. La caída de Tesla no sería un fenómeno aislado, sino la parte más visible de un ajuste sectorial más amplio. La duda es si Tesla cae más que la media o al mismo ritmo.
Lo que se juega Musk con su activismo
El fondo del asunto es si un CEO puede permitirse el lujo de alienar a la mitad de su clientela potencial. Musk tiene solo un 20% de Tesla, según se ha señalado en la discusión, lo que limita su exposición personal pero no su capacidad de dañar la marca.
Hay quien sostiene que Musk es un genio que ha revolucionado la industria aeroespacial con SpaceX y que ha cofundado OpenAI. Y hay quien responde que un genio que espanta a sus clientes es un genio mal administrado. El mercado, de momento, no ha dado la razón a ninguno de los dos.
Con estos mimbres, la caída de Tesla en Europa debería tener una explicación clara. No la tiene. Y mientras el debate siga siendo político, el dato seguirá siendo incómodo para todos.