La presa de Forata no riega el Poyo: el mapa del tsunami
Se abrió Forata, se ocultó y el agua arrasó con todo. La frase resume la acusación que ha corrido de boca en boca y por televisión: que las presas se vaciaron sin avisar y que esa maniobra, y no la lluvia, explica el
tsunami que se llevó por delante Algemesí y media provincia. El alcalde de esa localidad, José Javier Sanchis, sostuvo en TVE1 que su municipio se inundó por el embalse de Forata. Hasta ahí, la tesis. El problema empieza en el mapa.
Tres crecidas, tres cuencas y un mismo día
Lo primero que desmonta la idea de un único golpe de agua es la geografía. Según el relato que se repite en el hilo, hubo tres episodios diferenciados: la zona de Utiel-Requena, el barranco del Poyo —Chiva, Paiporta, la llamada
zona cero— y el río Magro, que desemboca junto a Algemesí.
Forata vierte al Magro, no al Poyo, y la Rambla del Poyo no cuenta con ningún embalse de cabecera que la regule. Algemesí, además, queda lejos del barranco del Poyo.
De ahí que el análisis hidráulico más repetido concluya que mezclar Forata con Paiporta es un error de bulto: dos catástrofes concurrentes en el tiempo, pero independientes en el cauce. La última pieza de la tesis inicial apunta al trasvase Júcar-Turia y al barranco de Cavalls como origen del golpe de agua en la zona cero, a la altura de Picaia, y recuerda que los embalses de cabecera citados —a los que el mensaje se refiere como «Berengueber» y Cofrentes— estaban vacíos. Los nombres que sí se repiten son Buseo, Loriguilla y Forata.
¿Regula la presa de Forata la Rambla del Poyo?
No. Y esa respuesta corta es la que rompe la versión más divulgada. Forata es una presa del Magro; su apertura, si se produjo, afectó a la subida del Magro y a localidades como Algemesí, donde se atribuyen al menos once víctimas mortales por el desbordamiento. Los barrancos están interconectados, cierto, pero la interacción apreciable entre la crecida del Magro y lo que ocurre en Chiva y aguas abajo del Poyo es, como poco, discutible.
Conviene añadir un dato que circula entre vecinos: el embalse aparece a tope en los registros públicos, lo que encaja mal con la idea de un vaciado masivo. Y en el hilo se difunde que la CHJ ha informado de que la presa quedó estabilizada, gestionando entradas y salidas a un ritmo de
800 metros cúbicos por segundo, suficiente para mantenerla en equilibrio hídrico dentro de una situación delicada.
El aviso que llegó de vecino a vecino
Hay un testimonio que ordena la cronología mejor que cualquier comunicado. En Montroy, a las 17:30, el agua ya estaba entrando en las casas. En Algemesí, el aviso de que se soltaría agua de Forata no llegó por canal oficial, sino de vecino a vecino y sin fuente identificable. Antes de ese aviso había veinte centímetros de agua en la calle; después, el nivel subió hasta setenta centímetros y un metro dentro de las viviendas.
Ese es el núcleo del asunto: no tanto si las compuertas se abrieron, sino si alguien avisó. La Confederación sostiene que no tiene competencias para emitir alertas públicas. La Generalitat no discute ese punto: reclama los avisos internos que debía haber recibido. La discrepancia, por ahora, es de competencias y de minutos.
Quince años de obras bloqueadas y una presa descartada en 2004
El otro frente del
relato mira hacia atrás. Las obras para evitar inundaciones en el barranco del Poyo llevan quince años bloqueadas pese al riesgo declarado sobre varios municipios, según las informaciones que se han difundido, con el argumento de que son actuaciones poco visibles y sin rédito político. A eso se suma que en 2004 se descartó la construcción de una presa que habría protegido a dieciséis de las localidades golpeadas, y que el pantano del Plan Sur nunca vio la luz.
A lo anterior se añaden las dudas sobre las infraestructuras existentes: imágenes difundidas por dron mostrarían sobrevertidos con daños en el paramento y el estribo del embalse de Buseo, sobre el río Sot, afluente del Turia. Y hay quien apunta al embalse de Contreras, que aparecería vacío pese a lo llovido. Sobre el recuento oficial de víctimas, una parte de los mensajes que circulan duda abiertamente de las cifras y cita el caso de un rastreador que dejó de contar tras localizar ochenta cuerpos.
Lo que falta por confirmar
Si los registros de caudales y las imágenes de Buseo acaban en un expediente, lo previsible es que el foco se desplace de la lluvia a la gestión: quién decidió abrir, cuándo y a quién se le comunicó. Previsible, no seguro.
A día de hoy no consta una investigación abierta y sin ella la discusión seguirá siendo un pulso de versiones.