Por qué un participante cifra en 19.000€ la pensión media y en 12.000 los ingresos
Según los cálculos que se citan en el hilo, la pensión media en España ronda los
19.000 euros brutos al año, mientras que las cotizaciones que sostienen el sistema darían, sumando otras partidas, para unos
14.000. El agujero no lo tapa ningún ajuste técnico: según ese mismo análisis, lo cubren transferencias del Estado que, sobre el papel, no deberían ir a pagar pensiones. Y ese desfase es el punto de partida de una propuesta incómoda: un participante plantea
recortar un 20% las pensiones de más de 2.000 euros netos.
La pregunta que la acompaña no es ideológica, es aritmética. Si el dinero no está, ¿de dónde sale?
¿Cuánto ingresa y cuánto gasta el sistema de pensiones?
El desglose que cita un participante sitúa el gasto en pensiones contributivas en torno a los
190.000 millones, frente a los
114.000 millones que ingresan las cotizaciones de la Seguridad Social. A eso se suman unos
22.000 millones en pensiones no contributivas y otras prestaciones del Estado y
7.000 millones en servicios sociales, partidas que no salen del fondo de la Seguridad Social.
La consecuencia es sencilla de enunciar y difícil de digerir: con los ingresos propios del sistema, la pensión media debería quedarse en
12.000 euros brutos al año; añadiendo el resto de partidas, en 14.000. Hoy se paga bastante más de lo que entra. La diferencia se cubre, según ese mismo análisis, con transferencias del Estado, lo que en la práctica significa que un trabajador en activo sostiene una prestación que el sistema, por sí solo, no cubre.
Quiénes cobran más de 3.000 euros al mes
Aquí aparece el dato que más incomoda a los partidarios del recorte. Según el análisis que defienden, unos
600.000 pensionistas cobran más de 3.000 euros al mes, el
6% del total. Una parte del hilo sostiene que ese grupo está sobrerrepresentado por empleados públicos y personal militar, a los que además se les subió la pensión
casi un 8%.
El argumento de fondo es que ahí hay margen real. Quien tiene pensión alta, casa pagada y algún piso en alquiler apenas nota un recorte del 20%. Quien vive de una pensión mínima, sí lo nota. Por eso muchos insisten en una idea sencilla: importa más el orden del ajuste que el ajuste en sí.
La nómina del SMI y los 400 euros al mes para la Seguridad Social
En el otro lado está el contribuyente. Un participante sostiene que unos
2,3 millones de trabajadores cobran el SMI y que de su nómina salen alrededor de
400 euros mensuales rumbo a la Seguridad Social. Sumados al salario, equivalen a un 50% más de coste que no llega al bolsillo del empleado.
Sobre esa base se ha construido el
Mecanismo de Equidad Intergeneracional, descrito en el hilo como una cotización extra que detrae unos
7 u 8 euros al mes de las nóminas, incluso de las más bajas, para sostener las pensiones. Y desde 2019 los nuevos jubilados conviven, según los participantes que lo mencionan, con el
Factor de Sostenibilidad, que recorta la pensión inicial. El resultado, según los críticos, es un pacto que se percibe cada vez menos como un pacto: al joven se le sube la cotización y se le promete menos.
Japón, Australia y el modelo de capitalización privada
Buena parte del descontento se apoya en la comparación internacional.
Japón aparece, en palabras de un participante, como el caso de cotizaciones estables, donde la pensión es lo que reparte el sistema y quien quiere más tira de ahorro propio o de un empleo a tiempo parcial.
El ejemplo que se cita en el hilo es
Australia, donde el empleador está obligado a aportar un porcentaje del salario a un fondo de inversión del trabajador. La contribución mínima es del
11% y está previsto que suba al
12% en 2025. El dinero es del empleado, se acumula y no depende de la pirámide demográfica. La pregunta que deja esa arquitectura es la que nadie quiere responder en voz alta: ¿se podría replicar aquí sin dinamitar lo que hay?
El pulso sobre quién cotizó y quién cobra
Hay un argumento que atraviesa todo el asunto: el de los mercados laborales que ya no se parecen. Quien cotizó lo hizo, según los participantes que lo plantean, en pesetas, con salarios y precios de otra época; quien cotiza hoy lo hace en euros, en un mercado más precario y viendo cómo le cambian las reglas cada pocos años. Primero la ampliación del periodo de cálculo, después el retraso de la edad de jubilación, más tarde el recorte de la pensión inicial.
De ahí sale la reclamación de un modelo de capitalización individual, donde cada cual acumule lo suyo y decida. Y de ahí sale también el miedo contrario: que la pensión se convierta en un subsidio de subsistencia para quien no pudo ahorrar.
¿Por qué no se toca? El caladero de votos
Hay una respuesta que no tiene nada que ver con la economía, según varios participantes:
los pensionistas votan en bloque. Cualquier ajuste se lee como un ataque a un colectivo con alta participación electoral, y el castigo se mide en urnas. El diagnóstico más cínico del hilo lo resume así: quien meta tijera a las pensiones no vuelve a pisar moqueta en su vida.
Frente a eso, los defensores del recorte insisten en que la alternativa no es mantener el sistema, sino esperar a que reviente solo. Un participante apunta al momento en que la generación del
baby boom deje de tensionar las cuentas: será entonces, cuando el déficit se cierre por pura demografía, cuando probablemente llegue el ajuste. Y llegará sin margen de negociación.
¿Cuánto aguanta un sistema que paga bastante más de lo que ingresa antes de que alguien tenga que decidir a quién se le recorta?