Luchar por España: la respuesta que nadie quiere dar
Un escenario concreto: una potencia extranjera ocupa España, total o parcialmente. ¿Empuñarías un arma? La pregunta, lanzada en un contexto de guerra en Europa y de debate sobre reclutamiento, recibe una respuesta que incomoda: muchas de las 123 intervenciones rechaza combatir, y no por miedo, sino por un cálculo político y económico previo. El país que se defendería, argumentan muchos, ya no es el suyo.
El planteamiento original no era retórico. Se preguntaba si, ante una invasión real, la gente estaría dispuesta a luchar. La respuesta dominante no fue un sí ni un no limpio, sino una condición:
depende de quién invada y de qué se defienda. Y ahí empieza el problema.
¿Por qué muchos no lucharían por España?
El argumento más repetido es que el Estado ya no representa a quien tendría que defenderlo. Se sostiene que
España es una colonia de intereses extranjeros desde hace décadas, que los impuestos ya se han pagado de sobra y que no hay nada que proteger salvo la estructura que extorsiona a los que quedan. La frase que resume esa postura es brutal en su sencillez: «Ya he pagado demasiado impuestos, paso».
Hay quien va más lejos y sitúa la desaparición del país en fechas concretas. Una intervención sostiene que
España empezó a esfumarse en 1978 y desapareció en 2008, y que lo que queda es «una colonia más ya invadida y asimilada desde fuera». Desde esa lógica, luchar sería hacerlo por los intereses de una potencia extranjera, no por los propios.
La desconfianza hacia las élites atraviesa todo el debate. Se argumenta que
luchar por el país es luchar por sus élites, y que dar la vida por ellas es de vasallos. La conclusión práctica de muchos es la huida: irse, como se señala que hacen los que tienen medios, mientras los que no pueden se quedan como carne de cañón.
El recuerdo de la pandemia como argumento en contra
Una de las intervenciones más citadas introduce un elemento que no estaba en el planteamiento inicial: la memoria reciente. Se pregunta, con retintín, cómo se espera que alguien luche por su país después de que
por un virus se encerrara a la población en casa, se impusiera el uso de mascarillas y se aplicaran vacunas con carácter masivo. La conclusión implícita: quien aceptó eso difícilmente va a coger un fusil.
Ese argumento conecta con otro muy repetido: la sensación de que el Estado no ha estado ahí cuando se le ha necesitado. Un participante cuenta que
cuando necesitó ayuda, el Estado le remitió a su familia. La pregunta que sobrevuela es por qué iba a devolver el favor ahora.
Los que sí lucharían: minoría, pero con matices
No todos rechazan combatir. Una parte defiende que lucharía, aunque con condiciones. La más clara:
si el invasor fuera Marruecos, sí; si es otro país europeo, indiferencia. Otros afirman que lucharían por su gente, no por el Estado, y que jamás aceptarían como superiores a los políticos actuales.
Hay también quien introduce un factor práctico que desmonta el voluntarismo: en una zona ocupada,
al que le toque luchará por el ocupante o lo fusilarán, comparta o no la causa. La elección, en la práctica, no existe.
Y una intervención final añade el elemento que cierra el círculo: si los que se escaquean son mayoría, los que sí luchen tendrán que ser puestos
en un batallón de bloqueo detrás de los que huyen para evitar que se retiren. La conclusión es incómoda: la guerra no se libra contra el invasor, sino contra los propios.
¿Qué pasaría con España si hubiera una invasión?
La respuesta más repetida es que
España desaparecería como entidad. Se especula con un reparto territorial: una parte para Marruecos, otra para Francia, otra para Reino Unido, otra para Estados Unidos y otra para Rusia. La única razón por la que eso no ha ocurrido, se argumenta, es la pertenencia a la OTAN.
Ese punto genera una de las pocas defensas explícitas de la alianza atlántica en todo el debate. Se sostiene que
sin la OTAN, España ya se habría repartido entre Francia, Marruecos, Portugal, Andorra y Mónaco. La crítica a los que se escaquearían es durísima: «Mucho patriotismo de boquilla pero a la hora de la verdad sois ratas cobardes».
El cierre: el dato que descoloca
De las 123 respuestas, una minoría muy clara afirma que lucharía sin condiciones. El resto se reparte entre el no, el depende y el me voy. La pregunta inicial era si la gente lucharía por España. La respuesta mayoritaria es otra:
por esta España, no.