Una sociedad sin trabajadores facturó 3,7 millones y compró un Porsche Panamera
Una empresa sin un solo empleado en nómina, con un ordenador y una impresora como único material, facturó 3,7 millones de euros en dos años. Y en el balance aparecía un
Porsche Panamera de unos 125.000 euros. El caso, destapado por
Eldiario.es a partir del informe de la Agencia Tributaria que sostiene la denuncia de la Fiscalía, apunta a
Alberto González Amador, pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La noticia, publicada en marzo de 2024, desató un debate que va mucho más allá del personaje: ¿cómo se factura esa cifra sin estructura empresarial? ¿Es un caso aislado o la punta del iceberg de un modelo?
Maxwell Cremona: dos sociedades, cero trabajadores y dos coches de lujo
El informe de Hacienda describe dos sociedades, Maxwell Cremona y Masterman & Whitaker, como vehículos «sin trabajadores contratados ni apenas medios materiales para canalizar sus ingresos». La primera, la principal, incluía en su activo el Porsche Panamera y, más tarde, un
Maserati con multas pendientes en el Ayuntamiento de Madrid. También consignaba 3.900 euros en cortinas, un detalle que a más de uno le pareció la prueba definitiva de que allí se gastaba sin mirar la cuenta de resultados.
La segunda sociedad, Masterman & Whitaker, es calificada por Hacienda como «una mera sociedad interpuesta», sin trabajadores ni medios, pese a contratar con gigantes como
Quirón Salud. Según las mismas fuentes, fue el «principal cliente» de González. La Fiscalía sostiene que la sociedad de los coches de lujo se atribuyó
15 facturas por valor de 1,7 millones de euros por servicios que los supuestos proveedores no prestaron, y que sirvieron para deducirse gastos indebidamente. El propio González Amador confesó por escrito el 2 de febrero de 2024 haber cometido dos delitos fiscales y llegó a proponer una multa y una pena.
¿Es raro facturar 3,7 millones sin empleados?
Depende del sector. Un comercial que revende productos electrónicos o commodities puede mover cifras millonarias sin más infraestructura que un teléfono y un ordenador. El margen, en cambio, suele ser fino. Quienes defienden esta tesis insisten en que facturar no es lo mismo que ganar, y que 3,7 millones pueden dejar un beneficio modesto. Frente a eso, el informe de la Agencia Tributaria no discute el volumen, sino la
falta de sustancia económica: sin empleados, sin proveedores reales y con facturas que la Fiscalía considera falsas. La discusión, por tanto, no es si se puede facturar mucho sin plantilla, sino si esas facturas concretas respondían a servicios reales.
El relato de la pareja y el relato del caso
La conversación derivó rápidamente hacia el terreno político. Una parte de los intervinientes sostiene que el caso se ha sobredimensionado por el vínculo sentimental con Ayuso y que la atención mediática responde a una operación de desgaste. Otra parte responde que el vínculo es precisamente lo relevante: si la pareja de una presidenta autonómica factura a clientes que contratan con la administración, el conflicto de interés es inevitable. Entre ambos extremos, una corriente más escéptica apunta a un patrón:
casos que se tapan mutuamente según la conveniencia de cada partido, con la corrupción como moneda de cambio.
La moraleja económica que nadie quiere oír
Más allá del ruido, el caso deja una pregunta incómoda para la política económica: ¿cuántas sociedades sin empleados ni medios operan con contratos públicos o con grandes clientes privados? La respuesta no está en el informe, pero el patrón —facturar mucho, declarar poco, comprar coches a nombre de la empresa— es conocido. Y mientras se discute si el caso es grave o irrelevante, la estructura que lo permite sigue intacta. Si la fiscalía mantiene su acusación y el juzgado sigue adelante, veremos si el asunto se queda en una multa o escala. Con los precedentes a la vista, apostar por lo primero no es cinismo: es estadística.