SUMAR sacaría 26 escaños y Podemos 4, según una encuesta que nadie se cree
Una encuesta difundida en plena precampaña del 23J sitúa a SUMAR en 26 escaños y a Podemos en 4. La reacción no se ha hecho esperar: desde quienes consideran que esas cifras son un regalo hasta quienes sospechan que el sondeo está manipulado. El dato clave es que, según ese mismo sondeo, la ventaja de Feijóo sobre Pedro Sánchez se amplía a casi 8 puntos tras el adelanto electoral. Con ese punto de partida, el debate sobre el espacio a la izquierda del PSOE se ha convertido en un ajuste de cuentas.
El pronóstico que nadie da por bueno
El sondeo otorga a SUMAR 26 escaños y a Podemos 4. Para muchos, esas cifras no resisten el menor análisis. «Esa encuesta está más manipulada que las de Tezanos», resume una de las primeras reacciones. La desconfianza no distingue siglas: hay quien cree que SUMAR saca demasiado y quien piensa que Podemos saca demasiado poco. La horquilla de 30 escaños entre ambos partidos, yendo por separado, es para algunos la prueba de que el electorado de izquierdas está completamente desmovilizado.
La comparación con los resultados de 2019 aparece pronto. Podemos, Compromís y En Marea sumaron entonces el 15% de los votos, unos 4 millones. Con esa referencia, un 9,8% para SUMAR y un 4,9% para Podemos se antoja optimista. «Rondarán ese 9,8% yendo juntos», sostiene un análisis que circula en el debate. La ley electoral, recuerdan, castiga con dureza la dispersión del voto.
¿Cuántos militantes hacen falta para presentarse?
Para concurrir a unas generales, un partido necesita 350 candidatos repartidos por toda España. La pregunta es si Podemos los tiene. «Tengo yo mis dudas de que queden tantos militantes en ese partido», apunta una intervención. No es una duda menor: sin candidaturas en todas las circunscripciones, el suelo electoral se desmorona. Y con 4 escaños, la representación queda reducida a la mínima expresión.
La discusión sobre el número de diputados que salvarían los actuales dirigentes se mezcla con el cálculo territorial. En Madrid, por ejemplo, hay quien directamente no ve a Irene Montero sacando escaño. «No creo que Irene Montero saque diputado en Madrid», se afirma sin matices. Son cuentas que se hacen a ojo, pero que reflejan una percepción extendida: el espacio que ocupaba Podemos se ha estrechado hasta casi desaparecer.
La estrategia de las marcas que se queman
El paralelismo con otras formaciones ha sido uno de los ejes del debate. «Es la misma estrategia que usaba Herri Batasuna. Cuando se les quemaba una marca sacaban otra», sostiene una comparación recurrente. La idea que subyace es que SUMAR no es más que un cambio de envoltorio para un mismo electorado. «Podemos se transforma en SUMAR. Cuando los votantes de SUMAR se den cuenta de la nueva estafa, creamos otro partido llamado Multiplicar y vuelta a empezar», ironiza otro mensaje.
Esa tesis del reciclaje de siglas convive con la del trasvase de votos. «Todo el voto de la izquierda o gran parte va a ir al PSOE porque es el único partido sólido que hay para estas fechas», se argumenta. El PSOE, según esa lectura, absorbería el voto útil y dejaría a SUMAR y Podemos en un papel residual. El sondeo, al dar al PSOE un 27-28%, alimenta esa interpretación.
El desgaste que no se mide en escaños
Más allá de los números, el debate ha derivado hacia el desgaste de los dirigentes. «Yo quiero que derroidoque y la cajera sigan y que acaben su trabajo. Que acaben de hundir del todo la superturboultraizmierda», resume una intervención que mezcla el deseo de desaparición con el de que se consume el desastre. La figura de Irene Montero y la de Yolanda Díaz aparecen una y otra vez, con apodos y sin ellos.
La discusión sobre si Podemos desaparecerá o se transformará tiene una respuesta casi unánime: la marca puede morir, pero la filosofía permanece. «Podemos morirá. Lo malo es que la filosofía mugremita seguirá viva», sentencia un mensaje. Y otro añade: «Lo malo es que las leyes basura de esa chusma no las van a derogar ni el PSOE azul ni cualquier otro». El lamento no es por el partido, sino por lo que deja detrás.
El contexto que nadie discute
El sondeo que ha originado todo esto no es un ejercicio aislado. Forma parte de la ristra de encuestas que acompañan al adelanto electoral. La ventaja de Feijóo se amplía a casi 8 puntos, y eso condiciona cualquier lectura. Con ese escenario, la pelea por el espacio a la izquierda del PSOE se libra en un terreno que se estrecha por momentos.
Hay quien ve en las cifras un intento de movilizar al votante de izquierdas. «Es el plan de Doctor Fraude, aglutinar el voto izquierda en el PSOE para evitar la hostia o incluso ganar», se afirma. Otros, en cambio, creen que el sondeo simplemente constata una realidad incómoda: la fragmentación pasa factura. Entre ambas lecturas, una certeza: el 23J medirá hasta qué punto el electorado de izquierdas está dispuesto a sostener dos marcas donde antes había una.
Lo que no cierra ninguna de las interpretaciones es el suelo electoral. Si Podemos se queda en 4 escaños y SUMAR en 26, la suma sigue siendo insuficiente para condicionar nada. Y si los votantes de uno y otro partido no se mueven, el resultado será el mismo que el sondeo anticipa. El análisis se atasca justo ahí: en la aritmética de una izquierda que no encuentra la forma de no restarse.