El vídeo de Tania Llasera sobre el caso Clancy que acabó retirado
Un vídeo se publica, se llena de reacciones y, horas después, ya no está. Es lo que ha ocurrido con el material que Tania Llasera dedicó a Lindsay Clancy, la enfermera de Massachusetts a la que se atribuye la muerte de sus tres hijos en enero de 2023, en el marco de un episodio grave de salud mental. En la pieza, la presentadora mostraba empatía hacia la madre; el contenido fue retirado poco después, entre la duda de si lo borró ella o lo tumbó la plataforma. Quien no llegó a tiempo solo encuentra el rastro de la polémica.
Qué se sabe del vídeo de Tania Llasera
El contenido no se detenía en la crudeza de los hechos, sino que ponía el foco en la salud mental de la madre y en la supuesta falta de apoyo institucional. La solidaridad con la autora de las muertes —el gesto de ponerse en su lugar— fue lo que encendió las redes. El material ya no está disponible: o lo retiró su autora o lo tumbó la propia plataforma. En cualquiera de los dos casos el efecto es el mismo, porque lo que se borra en un sitio reaparece en otro.
El caso Lindsay Clancy: tres muertes y un juicio
Lindsay Clancy es una enfermera de Massachusetts. Los hechos se remontan a enero de 2023: la muerte de sus tres hijos en lo que se describe como un episodio severo de salud mental, seguido de un intento de suicidio. El caso se ha judicializado y se ha convertido en referencia del debate sobre la salud materna, un problema reconocido como infradiagnosticado. Al otro lado del mismo drama está el padre, Patrick Clancy: un año después corrió el Maratón de Boston y donó lo recaudado al hospital infantil que intentó salvar a su hijo, además de cofundar la HEARD Foundation, centrada en el apoyo al duelo. Ese contraste es el que se explota después en cada discusión.
El doble rasero que se invoca: de José Bretón al caso Clancy
La acusación más repetida es la del doble rasero. Con José Bretón —el hombre condenado por la muerte de sus dos hijos— como espejo, se sostiene que al infanticida varón se le llama monstruo sin circunstancias ni atenuantes, mientras que a la madre se le busca el trastorno, el contexto y la coartada social. El contraargumento también está sobre la mesa: la salud mental no es un adorno retórico ni una excusa de conveniencia, y dos casos no se comparan bien cuando los hechos y las pruebas no son los mismos. Mezclar ambos planos es fácil; separarlos, no.
Empatía, apología y libertad de expresión: dónde está la línea
Queda la pregunta incómoda: ¿dónde termina la empatía y empieza la apología del delito? Legalmente la frontera es más estrecha de lo que sugiere el ruido de las redes. Ponerse en el lugar de quien ha cometido un crimen no es delito; incitar a repetirlo o enaltecerlo sí puede serlo. Entre una cosa y otra cabe casi todo, y ese margen es precisamente el que convierte cada caso en un campo minado, con exigencias de consecuencias para el que opina y para el que calla.
El vídeo retirado sigue circulando en copias. Y ahí está el detalle que descoloca: un contenido que se borra en un sitio reaparece en diez, igual que el caso Clancy —tres muertes, un maratón donado a un hospital infantil, una fundación contra el duelo— se ha convertido en un campo de batalla donde los hechos concretos pesan cada vez menos que la bandera que cada cual enarbola.