Tejero, a los 91 años: «A Juan Carlos lo jodí, paré su golpe»
Antonio Tejero Molina tiene 91 años, cumplirá 92 en abril, y ha vuelto a hablar. El teniente coronel que el 23 de febrero de 1981 entró armado en el Congreso durante la investidura de Calvo Sotelo ha concedido una entrevista en la que, por primera vez en público, sostiene que fue él quien frenó el plan que, según su versión, tenían preparado el rey Juan Carlos y el general Alfonso Armada. La frase es literal: «A Juan Carlos lo jodí. Paré su golpe y el de Armada al ver qué era».
La otra novedad tiene forma de denuncia. Tejero confirma que la ha presentado contra
Pedro Sánchez y que la firmó él: «Me fui al juzgado y la puse. Información confirmada». Un condenado a treinta años por rebelión militar reclamando al presidente del Gobierno que cumpla la Constitución que él asaltó. Su familia y su entorno le venían recomendando que no diera entrevistas y lo tenían
blindado. La fuente que facilitó el contacto lo resumió sin adornos: ahora o nunca.
A sus años, arrastra una operación de cadera y el fallecimiento el año pasado de su mujer, Carmen. Fuera de eso, mantiene la rutina de un jubilado y, según su biógrafo, sigue «predispuesto a los homenajes» que conmemoran a Franco y a José Antonio Primo de Rivera.
¿Por qué Tejero dice que paró el golpe de Armada?
Para entender el relato hay que ir a la biografía que publicó hace un par de años Álvaro Romero (SND Editores), que recogió su versión. Según ese testimonio, el golpe estaba encaminado a poner en España un gobierno de concentración presidido por Armada y pactado con el Rey. Cuando Armada llegó al Congreso y le mostró la lista de ministros, con nombres provenientes de la izquierda, Tejero impidió que entrara a proclamarse presidente de ese Gobierno.
Armada era, en sus propias palabras, el «elefante blanco» que esperaba. Lo que nunca imaginó fue que quisiera sentar en el Consejo a gente de izquierdas. «Yo al rey Juan Carlos lo jodí vivo —dice—. Él tenía preparado con Armada un Gobierno a su gusto. Pero hacía falta un militar que diera el golpe. Ese fui yo». Y remata: «Cuando vi lo que iba a ser aquello lo anulé, lo paré». Después, asegura, «me traicionaron todos: el Rey, Armada, Milans del Bosch».
Su idea de Gobierno: Primo de Rivera como modelo
Preguntado por lo que quiere, no se esconde: «Me gustaría que hubiera un gobierno militar que pusiera las cosas en su sitio». El modelo lo sitúa en 1923: «Como hizo Alfonso XIII con el general Primo de Rivera. El Rey debe tener su protagonismo. Tendría que ser una cosa pactada entre el Rey y el Ejército». Sobre Felipe VI, al que ve «a la espera de no sé qué», y sobre el Partido Popular, que acepta como mal menor, también opina sin filtros.
La denuncia contra Sánchez la justifica así: «Están destrozando España y no veo ninguna reacción social ante las barbaridades que hace ese hombre que se llama Pedro». La conversación se interrumpe para comentar la actualidad política del día.
La tesis del auto-golpe que sobrevuela el análisis
Una parte del análisis histórico sostiene que el 23-F no fue un golpe contra el Rey, sino un movimiento para consolidarlo. El argumento es sencillo: tras el asalto, la figura del Monarca dejó de ser cuestionada y la Constitución quedó aceptada por actores que hasta entonces no la aplaudían. Una corriente lo formula sin matices, sosteniendo que el golpe «se montó para legitimar al rey Juan Carlos y la Constitución». Enfrente, otra línea defiende que no hubo plan real y que la intentona fue
una chapuza, con la mayoría de capitanes generales fuera y varios mandos avisados esa tarde de que estaban condenados al fracaso.
Hay incluso quien va más lejos y plantea que el efecto real fue depurar las Fuerzas Armadas de cuadros del régimen anterior, una tesis que no cuenta con respaldo probatorio y que otros rechazan de plano. El material del que se discute deja ese punto en el aire.
En el debe del relato oficial quedan cabos sueltos. La grabación del mensaje del Rey, la salida de Tejero en libertad condicional en 1996 y el indulto a Armada, que según la versión del propio condenado estaba compinchado con la Corona. La condena, en cambio, no admite dudas: treinta años de reclusión por un delito de rebelión militar consumado, con pena accesoria de pérdida de empleo, tercer grado en septiembre de 1993 y expulsión de la
Guardia Civil.
Lo que no cuadra
Cuatro décadas después del asalto al Congreso, la pregunta sobre qué fue exactamente el 23-F sigue sin una respuesta única. Tejero ofrece la suya, con nombre y apellidos, y contradice de paso el relato del Rey salvador. Queda la duda de por qué un hombre que quiso abolir la Constitución pide ahora que se cumpla, y por qué su denuncia se presenta como prueba de amor a una norma que combatió a mano armada. Nadie lo aclara del todo.