La pregunta que puso a Ceuta contra la tertuliana
“¿Por qué iba a mentir?” La pregunta, lanzada por una tertuliana de perfil progresista a una vecina de Ceuta que relataba su indignación, ha abierto un nuevo frente en el permanente pulso entre el testimonio de primera mano y la interpretación ideológica. Lo que para la periodista era una prueba de verosimilitud, para parte de la audiencia fue la confirmación de un sesgo: dar por bueno el relato que encaja con el propio esquema mental.
El choque entre la calle y el plató
Un sector de la opinión sostiene que la credibilidad debe atribuirse por defecto al residente que vive la presión en su propia piel. Otro responde que precisamente ahí anida el autoengaño: la ideología proyecta una película que sustituye a los hechos. En medio, una acusación recurrente: la de una prensa “vendida” que convierte el micrófono en altavoz del relato oficial. La cifra de 66 periodistas, imposible de verificar, circula como arma arrojadiza en este cruce de reproches.
El espejo de Vietnam en Majadahonda
Hay quien ilustra el problema con una analogía: conocer un país por una semana de visita guiada no es lo mismo que vivirlo. El argumento apunta a que muchos comunicadores opinan desde la burbuja urbana sin pisar el territorio que describen. Pero la respuesta no es unánime: otros defienden que la cercanía geográfica no garantiza objetividad. La discusión deja al descubierto que, en asuntos de frontera, la verdad tiene dueño: cada parte reclama la suya.
Y así queda el asunto: una pregunta retórica, una vecina indignada y un país que sigue sin ponerse de acuerdo sobre quién tiene derecho a contar lo que pasa en su propia puerta.