Tesla a 1.100 dólares: ¿burbuja o revolución?
¿Por qué una empresa que produce y vende menos coches que muchos de sus competidores vale más que todos ellos juntos? Esa es la pregunta que sobrevuela cualquier conversación sobre Tesla, la acción que ha multiplicado su valor hasta cotizar en torno a los 1.100 dólares por título. La respuesta no está en los estados financieros, o no solo. Hay quien sostiene que el precio refleja una expectativa de crecimiento exponencial en un negocio llamado a sustituir al motor de combustión. Otros, en cambio, ven una desconexión evidente entre valor y precio, alimentada por el miedo a quedarse fuera y por el carisma de su fundador, Elon Musk. El debate está servido.
El valor de Tesla frente a sus competidores
La comparación más repetida es la que enfrenta la capitalización bursátil de Tesla con la de los grandes fabricantes tradicionales.
Tesla vale más que todos sus competidores juntos, pero produce y vende muchos menos vehículos. Esa brecha entre valor de mercado y volumen de negocio es, para muchos analistas, la prueba de que el precio no responde a los fundamentos. La empresa obtiene beneficios, sí, pero sus ventas siguen siendo residuales en comparación con gigantes como Volkswagen o Toyota. La ventaja competitiva que tuvo en solitario durante años se ha ido diluyendo a medida que el resto de fabricantes se han puesto las pilas y han anunciado planes ambiciosos de electrificación.
Aun así, no todo es humo. Tesla mantiene un liderazgo tecnológico en software, autonomía y red de recarga, y su capacidad de producción en gigafactorías propias le permite escalar a un ritmo que otros no pueden igualar.
BYD y Tesla van por delante en producción en masa, mientras que Volkswagen intenta cogerles pero va muy por detrás. Los márgenes por coche de los tradicionales son todavía pobres en el segmento eléctrico, lo que deja a Tesla en una posición de ventaja, al menos de momento.
El hidrógeno como alternativa al coche eléctrico
Una parte del debate se centra en si el futuro de la automoción pasa realmente por el eléctrico o si el hidrógeno acabará imponiéndose.
Toyota está apostando fuertemente por el hidrógeno, y algunos ven en esta tecnología la solución perfecta para el almacenamiento de
energía renovable. El hidrógeno, argumentan, une la producción de electricidad con el transporte y puede generar independencia energética local. Sin embargo, los escépticos recuerdan que
el hidrógeno solo tiene el 30% del poder del gas y que su fabricación por electrólisis es carísima. La batalla, dicen, estará en normalizar el cilindro de transporte para que sea universal.
Mientras tanto, el coche eléctrico afronta sus propios problemas: el peso de las baterías, la extracción de materiales y el reciclaje.
La gran barrera de entrada para la producción en masa son las baterías, y ese problema afecta también a Tesla. Algunos sostienen que cuando los ecologistas entiendan el impacto medioambiental de la extracción y fabricación de baterías, las energías fósiles pasarán a ser consideradas limpias, como ya ocurrió con la nuclear.
El papel de Elon Musk y el factor hype
El fundador de Tesla es, para bien y para mal, una parte central del relato.
Elon Musk es el nuevo gran gurú, y su capacidad de generar atención mediática con cada tuit mueve la cotización. Casos como el envío de terminales de internet satelital Starlink a Ucrania tras una petición viral en redes ilustran cómo Musk mezcla negocio y geopolítica. Para algunos, eso es propaganda gratuita que infla el valor de la acción; para otros, es la prueba de que Tesla no es solo una automovilística, sino una empresa tecnológica con múltiples líneas de negocio.
Pero el factor Musk también tiene su lado oscuro.
El miedo a un mundo sin hidrocarburos hace que la gente vomite su dinero en esa cloaca, resume una de las posturas más críticas. El temor a quedarse fuera del próximo gran cambio tecnológico empuja a muchos inversores a comprar incluso a precios que no se corresponden con los beneficios. Es el FOMO, el miedo a perderse algo, en su versión más pura.
¿Es sostenible el precio de Tesla a largo plazo?
La pregunta del millón.
Hay quien predice que Tesla valdrá 1.800 dólares en diciembre de 2022, y quien augura que en 20 años será una anécdota, como Nokia o Motorola. La historia de la tecnología está llena de líderes que parecían invencibles y acabaron siendo irrelevantes.
Las versiones 1.0 no suelen ser las que triunfan, advierte un escéptico, que ve en la plataforma actual de Tesla un conjunto de parches que la competencia superará con coches nuevos y eficientes.
En el lado opuesto, los defensores argumentan que Tesla ya va por la versión 3.0 mientras otros empiezan. La empresa tiene potencial en camiones, baterías estacionarias y software, y su marca sigue siendo aspiracional.
El problema no es predecir si desaparecerá, sino cuándo, ironizan los más críticos. Y mientras tanto, el mercado sigue subiendo, ajeno a los debates sobre fundamentos.
Al final, la única verdad incontestable es que nadie tiene la bola de cristal. Los que compraron a 200 dólares y vendieron a 1.000 se arrepienten; los que compraron a 1.000 y venden a 1.100, presumen. La acción de Tesla es un espejo de nuestras certezas y nuestros miedos. Y como dijo un sabio del foro:
es el mercado, estúpido.