El calor extremo no es nuevo: una lista de 1852 lo prueba
¿El cambio climático actual es realmente excepcional? El 18 de julio de 1852, el periódico británico The Observer publicó una relación de fenómenos de calor extremo desde el siglo XII hasta el XVIII. La lista incluye episodios que desafían la imaginación: en 1152 se cocían huevos en la arena; en 1303-1304 se cruzaban a pie seco el Sena, el Loira, el Rin y el Danubio; en 1646 hubo 58 días consecutivos de calor excesivo. Y eso sin contar que en 1830, durante las jornadas revolucionarias de julio, el termómetro llegó a 36 °C en París – según la escala que hoy usamos –, una temperatura que entonces se consideró digna de registro excepcional.
Las escalas térmicas de la época añaden confusión. Los 36 grados del artículo original están probablemente en la escala Réaumur, lo que equivaldría a unos 45 °C actuales. Algunos análisis apuntan a que en 1718 se habría usado la escala Rømer, que daría 54,3 °C, aunque no cuadra con la conversión a Fahrenheit que también se menciona. El detalle es relevante porque cualquier comparación con registros modernos requiere homogeneizar las escalas.
Los datos históricos alimentan dos corrientes enfrentadas. Por un lado, quienes ven en estas referencias la evidencia de que el clima ha variado de forma natural y que las temperaturas actuales no son inéditas. Por el otro, quienes señalan que, aunque hubo picos, la tendencia actual supera cualquier registro previo y que fenómenos como el calor continuo de 2023 no tienen precedente. El debate no es nuevo: ya en 1852 se recopilaban estos datos con ánimo de comprender los patrones.
Y mientras unos culpan a las vacas y otros a la industria, el listado de The Observer sigue siendo un recordatorio de que el calor extremo no es invención moderna. Tal vez los gurús climáticos deberían echar un vistazo a los archivos antes de sentenciar que 'nunca antes había sido así'.