Proveedores ruegan pedidos al 50% para pillar liquidez en octubre
Octubre se ha convertido en el mes en que buena parte de la industria ha dejado de decidir. El sector de bienes de equipo para industria y servicios —el que vende cuando las empresas se atreven a invertir— está congelado: la subida de los tipos y la incertidumbre han frenado las compras, según quien abre el hilo desde ese sector. Y con el parón encima, vuelve la pregunta de siempre, la que sirve de termómetro de barra y de economía real a la vez: ¿cómo van las terrazas?
Van llenas. Y ahí empieza el problema, porque el país discute si eso significa algo.
¿Por qué un proveedor ofrece mercancía con un 50% de descuento?
El síntoma más feo de este octubre no es un despido: es una llamada comercial. Según relata un participante del sector, hay proveedores que ruegan a sus clientes que les hagan pedido con el género al 50% y así poder meter las letras al descuento y conseguir liquidez inmediata. Traducido: no es una rebaja para ganar cuota, es financiación disfrazada de oferta. Quien vende por debajo de coste para cobrar antes no está compitiendo, está respirando.
En la misma dirección apunta el resto del cuadro. No entran nuevos proyectos: se sobrevive con los mantenimientos, y eso no da para cuadrar las cuentas de una estructura dimensionada para otra cosa. La consecuencia ya tiene verbo propio en el sector:
adelgazar. La criba empezó.
Del 20% al 80%: cuánto cae la actividad según el sector
La horquilla de caídas que se maneja es tan amplia que explica por qué nadie se pone de acuerdo. Según cuenta un trabajador de una distribuidora de electrónica, el descenso de pedidos ronda el 20-25%, con la morosidad y los retrasos de pago subiendo algún punto. Y hay quien dice facturar la mitad que antes. Quien abrió el hilo, en bienes de equipo para industria y servicios, asegura que su facturación cae un 80%.
- Electrónica y distribución: un participante reporta pedidos un 20-25% menos
- Otro participante: facturación un 50% menos
- Bienes de equipo: quien abrió el hilo afirma un 80% menos en su caso
Lo llamativo del asunto es que todas esas cifras conviven en el mismo mes y en el mismo país. Unos caen una quinta parte y otros se quedan casi a cero. Si el agregado oficial no refleja ese agujero, es porque el agregado mezcla cosas que se comportan de forma muy distinta.
¿Sirven las terrazas llenas para medir la economía?
No mucho, y la propia hostelería lo admite. Ya al principio de la crisis de 2008, un conocido con un bar avisaba de que habría crisis cuando la gente no tuviera ni para un café; el café se siguió tomando. Según resume un forero, el consumo que aguanta es el barato y visible: terrazas, cañas, hostelería de proximidad. El que se recorta es el que no se ve: mejor alimentación, mantenimiento del coche, pasar la ITV, el seguro, tratamientos estéticos, segunda residencia, conciertos de segundo orden. Ese dinero no desaparece del sistema: se va a pagar préstamos, hipotecas y lo devora la inflación.
De ahí la insistencia en mirar los frigoríficos en lugar de las mesas. El indicador que se propone no es cuánta gente hay sentada, sino qué llena la cesta de la compra un sábado por la mañana. Y hay más: peluquerías y terrazas se citan como señales más fiables que según qué índice, porque responden al dinero que la gente tiene de verdad en el bolsillo.
Reformas con seis meses de retraso y presupuestos un 40% más caros
Aquí el relato se rompe por el eje. Quien está reformando describe lo contrario de un parón: dos meses esperando un presupuesto, industriales que tardan seis en aparecer y un sobrecoste del 40%. Otros participantes señalan que fontaneros y albañiles trabajan a destajo, aunque no hay relevo generacional que cubra las bajas. Conviven, pues, dos realidades incompatibles en la misma ciudad.
Y luego están los negocios que sí notan el frenazo en seco. Una carpintería en una calle de carpinteros habla, según quien la conoce, de un parón que no recuerda ni en la crisis anterior, cuando al menos se iba trampeando con trabajos sueltos. En artes gráficas y cartonaje —las cajas de todo lo que se consume— un taller ha cerrado por el puente de octubre por primera vez en veinte años. Ese detalle, el cierre por un puente, dice más que cualquier encuesta de confianza.
Turismo: récord en los papeles, albergues que echan el cierre
El turismo es el último cortafuegos del relato oficial y también donde más grietas aparecen. Hay testimonios de albergues del Camino de Santiago que cerraron tras un julio y un agosto flojos, con la zona de Ponferrada vacía, y que sostienen que los datos de ocupación se manipulan después para sostener el «año récord». En paralelo, otro participante apunta a un 90% de reservas hoteleras para el puente del Pilar.
El dinero público también aparece en la ecuación: hay quien afirma haber oído en la radio que el Estado pagaría 60 euros de pensión completa a hoteles andaluces, y se mencionan balnearios sostenidos en temporada baja. Para algunos participantes, cuando el sector se apoya en compra pública, la foto de la terraza deja de ser un indicador y pasa a ser un decorado.
Funcionarios, pensionistas y turistas: quién sostiene el consumo
El patrón que se repite, según varios mensajes, es siempre el mismo: funcionarios, pensionistas con la máxima y turistas son quienes siguen fundiendo dinero, mientras el resto aprieta. Hay quien recuerda que en la crisis anterior el ajuste se hizo devaluando el sueldo de los trabajadores un 30%, y que ahora, sin margen para devaluar, se aplica el impuesto más injusto disponible: la inflación. Ese trasvase —del consumo corriente al pago de deuda— es el que aún no ha llegado del todo a las terrazas, pero sí a los pedidos.
La alerta general está puesta en enero. Hay quien anticipa que la cuesta será
como subir por una pared, con casi seis años de ahorro como única red para algunos y la sensación, más extendida de lo que parece, de que el ciclo no ha hecho más que empezar.