Las jugadoras que renunciaron a la Selección piden volver y ya no son imprescindibles
Quince futbolistas internacionales renunciaron a la Selección femenina para forzar la salida del seleccionador. No lo consiguieron. El equipo siguió compitiendo con las reservas y los resultados no cayeron. Ahora varias de aquellas disidentes han pedido volver para disputar el Mundial femenino, y el problema no es deportivo: es que ya no tienen nada con qué negociar. El pulso lo perdieron ellas.
La secuencia es conocida. Las quince firmaron un comunicado en el que alegaban que la situación afectaba a su salud física y emocional, sin concretar el motivo. El seleccionador no dimitió. La Federación tiró de las suplentes. Y ahí se rompió la lógica del chantaje: si el equipo funciona sin ti, tu carta deja de valer.
Qué pasó con las 15 jugadoras que renunciaron a la Selección
El grupo de renunciantes incluía a seis del FC Barcelona, dos del Atlético de Madrid, dos de la Real Sociedad, dos del Manchester United, dos del Manchester City y una de un equipo mexicano. Ninguna del Real Madrid. Ese reparto por clubes importa porque explica de dónde salía la fuerza del pulso: eran titulares indiscutibles en sus equipos y en la Selección.
El error de cálculo fue creer que esa titularidad las hacía insustituibles. En el
fútbol masculino, un grupo de quince internacionales que se planta puede tumbar a un seleccionador. En el femenino, con un nivel general más plano, la distancia entre la titular y la suplente se estrecha hasta desaparecer. La consecuencia es la que se vio: las sustitutas entraron, rindieron y el resultado no se resintió.
Por qué las suplentes rindieron igual o mejor que las titulares
El argumento más repetido en el análisis es que en la Selección femenina el nivel es tan homogéneo que el reemplazo no se nota. Hay quien lo formula con crudeza: si las suplentes son iguales que las estrellas, la cosa estaría clara si no hubiera un ellas. La frase es irónica, pero describe un hecho deportivo verificable: el equipo clasificó y compitió sin las quince.
La segunda pata del argumento es la disciplina. Las renunciantes, según esta lectura, no aceptaban el régimen de concentración que planifica el cuerpo técnico, con las mismas condiciones que los hombres: horarios, hotel, control de entradas y salidas. Querían libertad de movimiento. Eso, en una concentración, no se negocia.
El Mundial femenino como fecha límite y el regreso sin moneda de cambio
El Mundial femenino es la fecha que aprieta. Las jugadoras quieren estar, y para estar necesitan que alguien las convoque. Ahí está el problema: no tienen nada que ofrecer a la Federación que esta no tenga ya. Las sustitutas han cumplido, el cuerpo técnico sigue en pie y el relato de la renuncia se ha dado la vuelta.
El análisis más duro sostiene que no deberían volver nunca a un torneo internacional mientras las suplentes rindan. El más pragmático propone convocar a dos o tres de las mejores y sentarlas en el banquillo. Entre ambos extremos, el consenso es que la Federación tiene ahora toda la ventaja y las jugadoras, ninguna.
El pulso se planteó como una demostración de fuerza y acabó siendo una demostración de reemplazabilidad. Queda por ver si el seleccionador convoca a alguna y cómo gestiona el vestuario si lo hace. Ese es el punto exacto donde el análisis se atasca.