El Clásico femenino pincha: 208.000 espectadores y un 2,2% de cuota
Un Real Madrid-Barcelona de semifinales de la Copa de la Reina, emitido por Teledeporte entre las 19:01 y las 20:54 horas, reunió a una media de
208.000 espectadores y un
2,2% de share. La paradoja es doble: es el partido más atractivo posible del calendario femenino español y, aun así, el dato queda por debajo de una repetición cualquiera de ficción en una cadena generalista, según sostienen algunos participantes del debate. El fútbol femenino pincha en audiencia, y lo hace justo cuando más dinero público y más minutos de parrilla recibe, según quienes critican su promoción.
La elección del canal no ayuda. TVE decidió mandar el partido a
Teledeporte, su canal secundario, en lugar de a La 2 o La 1. Quien defiende el producto sostiene que la ventana de emisión explica el desastre; quien lo cuestiona responde que si el interés fuera real, el espectador habría buscado el canal. Ninguna de las dos cosas se puede demostrar con un solo dato.
¿Por qué el fútbol femenino no llena los estadios ni la parrilla?
La primera explicación que aparece es la competencia. A esa misma hora se solapaban partidos de la Europa League y la Conference League, además de la liga saudí y cualquier retransmisión menor que uno pueda imaginar por streaming, según un participante. El calendario no acompaña: el producto femenino compite contra todo y no gana a nada.
La segunda es estructural. La Liga F no tiene competitividad: el Barcelona arrasa al resto y el interés decae cuando el resultado se intuye antes del pitido inicial, según sostiene un participante. Un campeonato sin incertidumbre es un campeonato sin audiencia, y eso vale para el fútbol femenino igual que valdría para cualquier otra liga.
La tercera es de formato. Hay quien defiende que el fútbol femenino necesitaría un campo más reducido y porterías más pequeñas para ganar ritmo y espectáculo, y que el problema no es el talento sino la falta de una cantera formada desde los ocho años con criterios propios. Ese debate, que llevaría una generación resolverlo, no se ha abierto nunca en serio.
El relato oficial y el dinero público
El empeño institucional por promocionar el fútbol femenino tiene un coste. Se emite en abierto, se compra con dinero público y se coloca en horarios que desplazan a otras competiciones, según critican algunos participantes. El caso más citado es el del atletismo: el Campeonato de Europa coincidió en el tiempo con el partido y acabó relegado a un segundo plano, algo que una atleta de primer nivel criticó públicamente.
Ese es el punto que más incomoda. No es solo que el fútbol femenino tenga poca audiencia: es que su promoción se financia con impuestos y se impone sobre deportes que sí la tienen, según quienes lo cuestionan. Cuando algo se mete con calzador y se ideologiza, el rechazo acaba contaminando al propio producto. Buena parte del público potencial que podría haberlo consumido con normalidad le ha cogido manía por el envoltorio, según sostienen algunos.
Copa de la Reina: el nombre también se discute
Hasta el nombre del torneo genera fricción. La Copa de la Reina se llama así por la reina consorte, una figura sin cargo institucional, mientras la Copa del Rey mantiene la referencia histórica, según señalan algunos participantes. Hay quien recuerda que el torneo masculino se llamó Copa del Generalísimo durante décadas, así que el cambio de nombre no sería ninguna tragedia. Otros ven en el detalle la prueba de que todo el edificio está montado desde la propaganda y no desde la demanda.
Un dato que nadie audita
Las cifras de audiencia se miden con paneles de audímetros, no contando espectadores uno a uno. Eso deja margen a la sospecha: hay quien sostiene que parte de esos 208.000 son televisiones encendidas sin nadie delante, y que los estadios vacíos —incluso con entrada gratuita— son la prueba de que el interés real es mucho menor. La media de 208.000 espectadores es, en cualquier caso, el dato oficial disponible.
¿Cuánto de ese 2,2% es público real y cuánto es ruido de fondo de un aparato encendido en un salón vacío?