Ucrania recupera Jersón y ya cruza el Dniéper
La contraofensiva de otoño ha terminado antes de lo previsto. Ucrania ha recuperado Jersón, ha obligado a las fuerzas rusas a replegarse a la orilla izquierda del Dniéper y ha llegado a pisar Kinburn, en la desembocadura del río, «al más puro estilo de Normandía», según las imágenes que circulan. El repliegue ruso de Jersón, anunciado por la administración impuesta por Moscú como un «reagrupamiento» para «contraatacar», se ha convertido en la enésima retirada desde que en septiembre se perdiera casi toda la región de Járkov.
El patrón se repite: primero se niega la evidencia, después se habla de maniobra táctica y al final los soldados salen por patas. En Limán, la administración rusa publicaba mapas de refuerzos mientras las tropas evacuaban de forma caótica. Un corresponsal militar ruso describía a las unidades que se retiraron en pánico de Limán con los ojos «vacíos», y un excomandante adjunto del distrito militar sur, Andrei Guruliov, no supo explicar la derrota en televisión antes de que le cortaran la señal: culpó al sistema de mentiras «de arriba abajo».
¿Por qué Rusia pierde en el tú a tú militar?
El argumento más repetido es que Ucrania combina mejor los sistemas de armas disponibles. Con una docena larga de lanzacohetes HIMARS y disciplina operativa, ha infligido lo que un analista describe como «paliza operacional» al que se presentaba como segundo ejército del mundo. La clave no es la cantidad bruta de material, sostiene esta lectura, sino la gestión: quien tiene recursos prácticamente ilimitados no optimiza, y quien parte de la escasez aprende a no desperdiciar un solo proyectil.
La objeción llega desde el otro flanco: Ucrania habría recibido en seis meses un presupuesto equivalente al anual de
defensa ruso, así que hablar de «mejor uso de recursos» sería hacer trampa. El contraargumento es que esa superioridad presupuestaria no existía en febrero y marzo, cuando las columnas rusas no lograron cerrar el cerco sobre Kiev. Si el dinero lo explicara todo, la capital ucraniana habría caído en tres días.
La movilización de 300.000 reservistas que no arranca
El reclutamiento parcial de 300.000 hombres no está saliendo como estaba previsto. Los soldados movilizados en la región de Omsk preguntan públicamente cuándo van a cobrar, y las autoridades locales admiten que ahora mismo no tienen dinero para pagarles a todos. La anexión formal de cuatro regiones ucranianas —incluida Jersón, que ya se ha perdido en parte— no ha venido acompañada de la logística mínima para sostener a los nuevos reclutas.
El cálculo de bajas que manejan los analistas más pesimistas apunta a un ritmo de hasta 4.000 muertos semanales. Si se mantiene, a final de año se habrían acumulado decenas de miles de fallecidos sobre los aproximadamente 70.000 que se estimaban hasta la fecha. La carne de recluta sale barata en Rusia, pero no gratis: cada semana de guerra erosiona la capacidad de reposición.
El puente de Kerch, el próximo objetivo
Con la orilla derecha del Dniéper asegurada, la atención se desplaza a Crimea. La península se está llenando de material militar ruso, lo que algunos leen como preparación defensiva y otros como acumulación previa a una evacuación. El puente de Kerch es la única conexión terrestre directa con Rusia y su voladura dejaría a las fuerzas desplegadas en Crimea en una situación comprometida, expuestas a ser batidas desde el aire.
El cruce del Dniéper por Kinburn, en su tramo más ancho, sugiere que Ucrania ya no se limita a recuperar territorio propio: está probando la capacidad de proyectarse hacia la península. La fase «otoño» ha terminado. La siguiente, la «invierno», ya tiene nombre y objetivo.
La guerra no se decide en un solo frente ni en una sola semana. Pero el patrón de los últimos meses es difícil de discutir: Rusia anuncia reagrupamientos que terminan siendo retiradas, y Ucrania convierte cada retirada en punto de partida para el siguiente avance. Si el invierno confirma la tendencia, el puente de Kerch dejará de ser una infraestructura simbólica para convertirse en el problema logístico más urgente de Moscú.