eljusticiero
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Las idas de olla del abuelo naranja no tienen fin
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Trump ha dicho que le gustaría que un océano lleve su nombre, barajando el Atlántico o el Pacífico bajo la etiqueta de "Océano Trump" o "Océano de las Américas". La propuesta no tiene recorrido formal: ningún país puede renombrar por sí solo aguas internacionales.
Trump ha dicho que le gustaría que un océano lleve su nombre, barajando el Atlántico o el Pacífico bajo la etiqueta de "Océano Trump" o "Océano de las Américas". La propuesta no tiene recorrido formal: ningún país puede renombrar por sí solo aguas internacionales.
En una intervención pública recogida en redes, Donald Trump afirmó: "Necesitamos un océano. Estaba pensando en el Atlántico o el Pacífico. Lo llamamos Océano Trump o Océano de las Américas, algo así". Añadió que debería hacerse "antes de que me vaya" y que también hace falta "un gran río". No especificó cuál ni dio plazo.
La frase no venía acompañada de propuesta legislativa, orden ejecutiva ni documento alguno. Es una declaración oral, sin trámite administrativo detrás.
Los nombres de océanos y mares no los decide un Gobierno en solitario. La Organización Hidrográfica Internacional (OHI), con sede en Mónaco, coordina la nomenclatura de aguas internacionales desde 1921. Cualquier cambio requiere consenso entre los Estados miembros, y Estados Unidos es solo uno más.
El Atlántico y el Pacífico figuran en tratados, cartas náuticas y convenios marítimos internacionales. Renombrarlos unilateralmente no tendría efecto jurídico fuera de los documentos internos de un país. Ni siquiera dentro: los mapas oficiales de EE.UU. seguirían usando la denominación estándar salvo instrucción expresa.
La declaración se produce en un momento de alta exposición pública del expresidente, con la campaña electoral estadounidense en marcha. No es la primera vez que propone rebautizar un accidente geográfico: en 2025 firmó una orden para renombrar el Golfo de México como "Golfo de América" en documentos federales, una medida simbólica que no alteró el uso internacional.
Ese precedente da una pista de hasta dónde puede llegar algo así: cambios en papeles oficiales de la administración estadounidense, sin impacto en la cartografía global ni en el derecho del mar.
Renombrar un océano en serio implicaría actualizar cartas náuticas, bases de datos pesqueras, seguros marítimos y sistemas de navegación. Solo la OHI maneja miles de topónimos normalizados. El coste de una operación así no está estimado porque nunca se ha intentado.
Para un armador o una aseguradora, el nombre del océano es una referencia contractual. Cambiarlo sin acuerdo internacional generaría confusión en pólizas, rutas y registros. Nadie lo ha pedido formalmente.
Trump: We need an ocean. So I was thinking of either the Atlantic or the Pacific. We call it Trump Ocean or Ocean of the Americas, something like that. No, we have to—we should have, before I get out, I think we should have an ocean, and we need a great river.…
— Acyn Ver publicación en X
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