La avalancha de música y vídeo generado por IA entierra el talento humano
Paradoja: nunca había sido tan barato producir cultura, y nunca había sido tan difícil encontrarla. Herramientas como Suno y Udio permiten generar canciones decentes en cantidades industriales. El cuello de botella ya no es la creación, sino la atención. En plataformas como YouTube, la proporción se ha invertido: por cada vídeo útil aparecen tres de relleno fabricados sin guión ni conocimiento del tema. La queja se repite entre creadores y usuarios: los canales de IA son basura en su mayor parte, y el algoritmo no distingue.
Frente al ruido, la propuesta es la curaduría colectiva. Un proyecto en fase beta, MusicScout, plantea que los propios oyentes actúen como scouts: escuchan, votan qué temas tienen potencial y construyen reputación a base de aciertos. La idea no es competir con Spotify, sino separar el grano de la paja. Otros piden algo más simple: un filtro en YouTube para ocultar canales de IA. La opción parece popular entre quienes quieren recuperar el descubrimiento de talento real.
Queda una pregunta incómoda: si todo el mundo puede generar música con IA a coste cero, ¿qué valor conserva exactamente la creatividad humana? O quizá la respuesta es que el valor se traslada al filtro: quien tenga mejor criterio para seleccionar, ganará. Pero entonces, ¿estamos premiando la capacidad de juzgar en lugar de la de crear? El debate apenas empieza.