Mazón corriendo en plena emergencia: el escándalo que no se apaga
Mientras la crisis de Ceuta copa la agenda del Gobierno, el presidente de la Generalitat Valenciana se convierte de nuevo en el centro del malestar político. La imagen de Mazón haciendo running mientras todo ardía se ha convertido en el resumen visual de la gestión de las inundaciones: el mismo que, según la crítica, no activó la alarma a tiempo y dejó tirados a los valencianos.
Qué se le reprocha exactamente
El núcleo de las acusaciones apunta a la gestión de la emergencia: la alerta que no sonó cuando tocaba y la respuesta tardía. La responsabilidad, se argumenta, era de la Generalitat, que tenía las competencias. Y mientras tanto, Mazón sigue cobrando su sueldo de diputado, con coche oficial, asesores y su condición de aforado. Nada de eso es ilegal, pero alimenta la bronca.
Hay quien da por amortizada la figura de Mazón, pero el asunto no se cierra: la comparación con Ceuta se usa en ambos sentidos, entre los que hablan de invasión y los que ven un nuevo circo de los globalistas.
La defensa: Madrid también tiene su parte
Frente a la corriente que exige una depuración en solitario, otra sostiene que el problema es sistémico. Se reclama un macrojuicio en la Audiencia Nacional con entre 30 y 40 imputados de ambas administraciones, incluyendo alcaldes y diputaciones. Se lamenta que, al final, la factura judicial se la paguen unos pocos: hasta ahora, según esta lectura, una consellera y un técnico. La crisis de Ceuta se presenta como prueba de que el mismo guion se repite.
Un símbolo para el calendario político
La imagen del presidente haciendo deporte mientras sonaba la alarma que no llegó a los móviles tiene tela para rato. Da igual si la cuenta que la difundió tiene su propia agenda: la política española busca símbolos y este ha hecho fortuna. Para unos es la prueba del desprecio; para otros, la excusa perfecta para no hablar de otras responsabilidades.
El cruce de acusaciones no resuelve quién debía haber pulsado el botón de la alerta. Lo único en lo que coinciden los bandos enfrentados es en que la factura, como siempre, la pagan los de abajo.