TVE, el esperpento de los ingenieros migrantes en Ceuta
La secuencia tiene al menos dos lecturas. O TVE habita una realidad paralela, o a alguien en la redacción le sobró el guion. La cadena pública emitió una pieza sobre los migrantes llegados a Ceuta en la que aseguraba que eran “licenciados y diplomados” que huían de una guerra sin ubicación y de una persecución por orientación sensual tampoco concretada. El vídeo dura algo más de un minuto, y en ese minuto no hay una sola verdad, como denuncia el análisis crítico que ha seguido a la emisión.
La guerra fantasma y los títulos que se esfuman
El primer problema es el conflicto. Jovenlandia no está en guerra civil, ni en guerra contra nadie, ni amenazado por un violencia extremista de Estado. Los que huyen de una guerra tienen recorridos conocidos, rutas documentadas, solicitudes de asilo verificables. Aquí no hay nada de eso. La única referencia a un conflicto es la mención a atentados contra cristianos en la región, una afirmación que no aparece en ningún parte oficial y que el propio relato no se molesta en sostener.
La segunda andanada llega con las titulaciones. Los migrantes que saltan la valla no son una promoción de la Escuela de Caminos; son, en su mayoría, jóvenes sin papeles que arriesgan la vida en un flotador de patito. El sarcasmo ha convertido el asunto en meme: doctores de 13 años, superdotados de 70.000 que entraron en la universidad a los 8, toda una generación de sabios que, casualmente, han roto sus títulos antes de cruzar la frontera. El detalle del flotador se ha vuelto la imagen de la patidifusez: recomendaban recortar la cabeza del pato para mejorar la hidráulica. Hay quien ha ido más lejos y ha recopilado una a una las afirmaciones del vídeo, contrastándolas con datos oficiales: el resultado es demoledor.
El ridículo como arma de doble filo
El despropósito no solo daña a TVE. También la convierte en el hazmerreír de la derecha mediática, que nunca pierde ocasión de señalar a la cadena pública. Hay quien ve en esta pieza una troleada deliberada del reportero, un intento de sabotear desde dentro la línea editorial que le obliga a maquillar la realidad. La teoría encaja con la práctica: cuando la propaganda es tan burda, el resultado es el efecto contrario al buscado. En vez de generar empatía, produce rechazo, y hasta los defensores de la inmi gración acaban pidiendo que por favor no les ayuden con estos argumentos.
El episodio recuerda a la vieja canción de la crisis de refugiados de 2015, cuando el relato de la acogida se construyó sobre una niña que lloraba en Alemania y un niño ahogado en una playa. Ahora, la diferencia es que el mensaje no tiene a nadie detrás: no hay guerra que mostrar, no hay título que presentar, no hay más realidad que un grupo de personas cruzando un espigón. Lo único que ha quedado flotando es el patito.