Ucrania pide el ingreso exprés en la OTAN y la OTAN contesta que no
Ucrania firmó la solicitud de adhesión acelerada a la OTAN y la respuesta llegó antes que el sello. «No podemos conceder ahora mismo la entrada de Ucrania en la alianza», declaró el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, apelando a que la decisión corresponde a los 30 Estados miembro y se adopta por unanimidad. El gesto coincidió con la anexión unilateral rusa de las regiones de
Lugansk, Donetsk, Zaporiya y Jersón, así que tuvo tanto de jugada diplomática como de puesta en escena. La letra pequeña de las normas de adhesión —según varios participantes, ningún país entra con un conflicto territorial abierto— apareció a los pocos minutos.
Qué exige la OTAN para admitir a un país y por qué Ucrania no cumple
Varios participantes repiten que ningún Estado en guerra entra en la alianza, y menos aún con fronteras en disputa. Es la regla que, sostienen, sobrevuela todo el asunto: admitir a un país con contenciosos territoriales equivale a heredar su conflicto el primer día. Ucrania, después de la anexión de cuatro regiones, sería exactamente el supuesto que la organización evita.
Por eso la solicitud acelerada se leyó más como movimiento político que como procedimiento real. El ingreso requiere que los
30 miembros den su visto bueno, y basta con que uno diga que no para que todo se quede donde estaba. Turquía ya lo demostró en su día: bloqueó durante meses la entrada de Finlandia hasta arrancar concesiones. Con Ucrania, señalan, el precio a pagar sería mucho mayor.
El artículo 5: quién mandaría tropas a morir por Ucrania
La pregunta, planteada en el hilo, que nadie quería responder en voz alta. Si Ucrania entrara en la OTAN y siguiera atacando Donetsk —territorio que Moscú considera ya propio—, Rusia podría responder, y el artículo 5 obligaría a los aliados a salir al rescate. ¿Mandarían España, Italia o Francia a sus soldados a un frente contra una potencia nuclear?
Hay quien sostiene que ni haría falta: la aviación y los misiles estadounidenses, según ese análisis, bastarían para neutralizar las bases rusas sin que Europa moviera un solo batallón. Enfrente pesa el argumento contrario. Como resume otro participante, nadie va a arriesgar un intercambio nuclear por unas tierras que buena parte de la población no sabía ni dónde quedaban hace unos meses. Y la conclusión de otro interviniente:
los muertos los pondrían los ucranianos.
Quién decide de verdad dentro de la OTAN
Otra corriente de análisis sostiene que la unanimidad es decorativa. Los 30 votos existen, pero el que manda es uno y los demás acatan. Bajo esa lógica, la adhesión de Ucrania no depende de si a Portugal o a Grecia les parece bien, sino de lo que decida Washington. Europa pone el territorio, la población y la factura energética; la decisión se toma al otro lado del Atlántico.
De paso, según un cálculo que circula en el hilo, la anexión se traduce en
1.400 kilómetros más de frontera entre Rusia y la OTAN. Si el objetivo declarado era alejar la alianza de sus puertas, el resultado es el contrario del anunciado.
El coste que ya se está pagando fuera del frente
Más allá de los votos, el asunto económico pesa. Parte del análisis apunta a quién beneficia el alargamiento: el gas estadounidense cubriendo el hueco del ruso en Europa, los precios energéticos disparados y las empresas industriales mirando de reojo a otros continentes. La escalada no sale gratis, y no la paga quien firma las solicitudes.
Un participante plantea también la duda retroactiva: si Ucrania hubiera firmado en febrero un tratado de neutralidad con garantías, según su hipótesis se habría quedado como país puente entre Rusia y la UE, con el Donbás dotado de autonomía. En lugar de eso ha perdido territorio y Rusia entra ahora en una dinámica que ella misma presenta como existencial. Frente a quien no ve segura la conquista total de Ucrania, otro interviniente pronostica que desaparecería como Estado.
La escalada directa que algunos dan por hecha
Una parte del análisis sostiene que la anexión deja a la OTAN sin margen para seguir con la guerra por interpuesta persona: si Ucrania no entra, el sostén occidental se queda en el envío de armamento; si entra, el conflicto deja de ser indirecto. En esa línea, un participante sostiene que lo lógico, tras la anexión, es que Ucrania entre de facto y a nivel oficial en la OTAN, lo que llevaría el conflicto a un enfrentamiento abierto entre Rusia y la alianza.
Lo contrario obligaría a movilizaciones y a un coste humano que ningún gobierno quiere explicar en campaña.
El marcador global: 48 sanciones sobre 194 países
Aquí es donde el relato se agrieta, según un participante. De los
194 países del mundo, solo
48 han aplicado sanciones a Rusia. El resto se pone de perfil, mantiene comercio o directamente simpatiza. Y el capítulo del grano —el cereal que salió de Ucrania con la intermediación de la ONU para abastecer al tercer mundo y que, según esa versión, acabó en puertos y mercados europeos— fue un golpe certero en esa dirección. Según ese mismo forero, nadie ha podido desmentirlo.
Flota también la comparación que lanza otro participante: si la OTAN no mueve un dedo por Ceuta y Melilla, ¿por qué lo iba a hacer por el Donbás? La solidaridad existe, sí, pero se aplica con criterio geográfico.
Con ese marcador —194 países, 48 sancionadores—, la adhesión exprés de Ucrania se parece menos a un trámite de club y más a un reparto del coste entre los que ya estaban dentro.