Dos mil rusos cercados en Jersón y cero pruebas del cerco
Dos mil soldados rusos rodeados en la región de Jersón según un experto militar citado en redes, una oferta de rendición por un «corredor verde» humanitario cerca de Vysokopillya y ninguna imagen que lo confirme. Así se presentó el cerco del norte de la óblast: una operación a punto de cerrarse sobre las fuerzas rusas. El anuncio descansa, sin embargo, en un experto militar citado en redes y en dos lecturas del mismo mapa. La rendición, por ahora, es una hipótesis sobre el papel.
Un cerco que salió de mirar el mismo mapa dos veces
El origen de la cifra tiene poco de épico. Uno de los cartógrafos del frente reconoció que primero señaló que Vysokopillya estaba cerca de quedar cercada y que, unas horas después, otra cuenta publicó algo parecido. Al preguntarle de dónde salía el dato, la respuesta fue que no tenía otra fuente que el propio mapa: había llegado a la misma conclusión viendo los mismos símbolos. Dos
análisis aparentemente independientes, un único origen real.
Sobre ese terreno se monta la oferta de rendición a los
2.000 soldados rusos que, según un experto militar citado en redes, habrían quedado atrapados. El parte que lo acompaña habla del
día 149 de combates y de la recuperación de Olhyne tras un nuevo avance desde Ivanivka, tomada dos semanas antes. Los choques seguían en el borde oriental del pueblo y el ejército ruso aparecía, otra vez, en riesgo de quedar sitiado en Vysokopillya.
Traducido: el cerco existe como trazo en un mapa. No consta el número de unidades atrapadas ni que hubiera tropas dentro del bolsillo. «Una cosa es que el embolsamiento se haya producido y otra que hubiera gente dentro», resume una de las intervenciones, que califica el resto de
rumor.
¿Mienten más los rusos que los ucranianos?
Para una parte del seguimiento del conflicto, sí: la prensa rusa falsearía entre cinco y diez veces más que la ucraniana, según sostiene quien asegura leer a diario la de ambos países. Desde el otro lado, la respuesta es que la propaganda ucraniana no es mejor y que el relato occidental se traga sin filtro lo que le pasan sus patrocinadores.
En el tramo más duro del intercambio aparece Bujcha. Una parte sostiene que lo documentado allí es un montaje y apela a discrepancias de fechas y a la posición de los cuerpos; la contraria responde que los informes son abrumadores y proceden de fuentes muy diversas, incluidas de países no alineados, y que negarlos deja a quien lo hace fuera del terreno de lo razonable. No hay verificación visual del cerco, y tampoco simetría entre dos relatos que, a estas alturas, no llegan igual de desgastados a la cita.
Bajas, deserciones y unidades que no se reconstruyen
A falta de confirmación del bolsillo, el material que sí circula apunta a otro frente: el del desgaste ruso. Uno de los mensajes más citados recoge que
Ígor Girkin ha reconocido bajas y deserciones muy elevadas, que no hay tiempo para reconstruir las unidades y que con ese cuadro resulta imposible plantear ofensivas o contraofensivas. Es la versión que no depende de mapas.
Con ese fondo, la idea de que Rusia deje capturar de golpe a más de un centenar de sus soldados genera escepticismo en ambos bandos. «¿Alguien puede creerse que los rusos van a permitir que capturen a más de 100 de sus soldados a la vez?», se pregunta una intervención. La respuesta habitual es que la propaganda necesita vender la operación como un triunfo y que una columna de prisioneros tratados correctamente puede animar a otras unidades a rendirse.
Del corredor humanitario al arma nuclear táctico
El retrato se completa con el muestrario de reacciones que acompaña a cada avance. Hay quien reclama paciencia y recuerda que la guerra no se mueve a la velocidad a la que se publica; hay quien descarta el cerco directamente porque las noticias llegan «sin verificación visual». Y en el extremo, una intervención propone bombardear a las unidades que cierran el cerco, arrasar las aldeas de alrededor y
usar armamento nuclear táctico para acabar con lo que quede. La propuesta, lanzada sin más, forma parte del ruido de fondo.
Entre medias, la conversación se desvía a asuntos que no tienen nada que ver con Jersón: la entrada de Finlandia en la OTAN, agravios personales ajenos al frente y una disputa que acaba en insultos. El resultado es que se empieza hablando de 2.000 soldados y se termina hablando de todo lo demás.
Con Vysokopillya todavía sin confirmar, la pregunta no es si el cerco aparece en el mapa —aparece—, sino si alguien dentro de él tiene intención de rendirse antes de que el mapa deje de importar.