El Constitucional anulará la malversación de Griñán y nadie sale a la calle
El Tribunal Constitucional anulará la condena por malversación del expresidente de la Junta de Andalucía José Antonio Griñán. La noticia, adelantada por
Cadena SER, cayó como una losa en un país que llevaba años oyendo hablar del caso ERE. Y sin embargo, la reacción dominante en el foro no fue la indignación: fue el cansancio. «¿Acaso esperabais que fuera a pasarle algo?», resume el ambiente. La pregunta que sobrevuela el asunto no es jurídica, sino política: qué queda del relato del caso ERE cuando el alto tribunal anula la pieza clave de la condena.
Qué ha decidido el Constitucional y por qué importa
El fallo se conoce en un contexto incómodo. El mismo día en que se filtra la decisión, el PP acepta renovar el órgano de gobierno de los jueces si coloca a los suyos, según se afirma en el hilo. La coincidencia temporal es, para muchos, demasiada casualidad: «Todo el mismo día», se repite. La sospecha de que la justicia funciona por turnos y no por pruebas recorre el análisis más duro, el que sostiene que el Constitucional se ha convertido en una tercera instancia que corrige al Supremo cuando el reo es del color adecuado.
Hay quien va más allá y habla abiertamente de
lawfare, pero en dirección contraria a la habitual: se sostiene que la condena original fue el instrumento para desalojar al PSOE de la Junta de Andalucía y que el tribunal de garantías no ha hecho más que devolver las cosas a su sitio. La jueza Alaya y los magistrados que firmaron la condena, según esta lectura, nunca vieron robo: vieron una oportunidad política.
Malversar no es robar: el argumento que indigna
La distinción técnica entre malversación y robo es la que más ampollas levanta. El Constitucional no dice que Griñán se llevara dinero a casa; según una lectura que circula en el hilo, no hubo desvío de fondos públicos ni irregularidades graves que justifiquen la condena por ese delito. Para una parte del análisis, eso es precisamente el problema: la malversación se cometió por omisión, permitiendo que otros robaran cientos de millones, y el alto tribunal ha decidido que permitir no es participar.
«El pobre Griñán no robó. Sólo permitió que otros robaran unos pocos cientos de millones de euros», resume una de las ironías más repetidas. La cifra no es menor: el caso ERE está considerado por varios participantes el mayor episodio de corrupción de la historia reciente de Europa, y sin embargo, según se afirma en el hilo, nadie ha devuelto un euro. Esa es, para muchos, la verdadera noticia: no que Griñán salga absuelto de un delito, sino que el dinero siga sin aparecer.
La doble vara de medir que nadie desmiente
El contraste que más se subraya es el de la justicia para el ciudadano de a pie. «Que te equivoques tú en una declaración del IRPF, ya verás lo que te pasa», se repite. La percepción de que existe una justicia de dos velocidades —lenta y garantista para el político, rápida y ejemplarizante para el particular— no es nueva, pero la decisión del Constitucional la ha cristalizado.
En el lado opuesto, hay quien recuerda que Griñán dimitió y que Zapatero apartó a Manuel Chaves de la corrupción andaluza para no perder la comunidad, según se sostiene en el hilo. Si no era culpable, ¿por qué dimitió? La pregunta queda sin respuesta convincente. Y sobrevuela otra: si el Constitucional anula la malversación, ¿qué pasa con los que ya cumplieron condena por el mismo caso?
Lo que el fallo no resuelve
El fallo no cierra el caso ERE. Lo reabre por la vía política. La sentencia del Constitucional no declara inocente a nadie: anula una condena concreta por un delito concreto. Los hechos siguen ahí, los cientos de millones también, y la sensación de que la democracia española tiene un problema estructural con la corrupción no se ha ido con Griñán.
«No es una oscura conspiración de las élites; es simplemente nuestros padres, nuestros vecinos, nuestros amigos diciendo que les da igual que les roben mientras la paguita siga llegando puntual», resume una de las reflexiones más incómodas. La abstención, el cansancio y la resignación son el caldo de cultivo perfecto para que esto vuelva a pasar. Y volverá.
La predicción, con todas las reservas del mundo: el Constitucional seguirá anulando condenas del caso ERE, el PP seguirá bloqueando la renovación del órgano de gobierno de los jueces hasta que le convenga, y nadie devolverá un euro. Lo único que cambiará es el nombre del siguiente.