Francia y Reino Unido autorizan a Ucrania golpear el fondo de Rusia con SCALP
¿Qué cambia que París y Londres hayan dado luz verde a Kiev para usar misiles de crucero SCALP/Storm Shadow contra objetivos en lo más profundo del territorio ruso? Según Le Figaro, la misma autorización que Washington concedió para los ATACMS: extender el alcance real del ejército ucraniano hasta depósitos, nodos logísticos y bases aéreas que hasta ahora quedaban fuera de tiro. La noticia llega con la guerra encallada y con el relevo en la Casa Blanca a la vuelta de la esquina, y esa coincidencia es la que ha encendido todas las alarmas.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien lee la decisión como un intento de consolidar posiciones antes de una negociación que se da por inevitable, y quien la interpreta como un paso más hacia un conflicto abierto entre la OTAN y Moscú. La conversación se ha movido entre el análisis militar, la sospecha sobre las verdaderas intenciones de Londres y París, y una pregunta incómoda: ¿qué gana Europa metiéndose hasta el cuello en una guerra que no es suya?
Qué son los SCALP y por qué importa la autorización
El SCALP, conocido como Storm Shadow en la nomenclatura británica, es un misil de crucero de largo alcance diseñado para volar bajo el radar y golpear objetivos fortificados. Su valor en este conflicto no está en la cantidad, sino en la profundidad: permite alcanzar infraestructura que la artillería convencional no toca. La autorización francesa y británica amplía el mapa de objetivos posibles y, sobre todo, eleva el coste de mantener la retaguardia rusa a salvo.
El problema es que esa misma lógica es la que ha alimentado el temor a una escalada. Durante meses se ha repetido que permitir estos ataques cruzaría una línea roja. La línea se ha cruzado, y de momento no ha pasado lo que algunos anunciaban. Eso no significa que no pueda pasar; significa que el relato del
todo o nada se ha quedado sin argumentos.
El calendario político detrás de la decisión
La autorización llega en un momento delicado. La administración saliente de Biden ya había dado el paso con los ATACMS, y ahora París y Londres se suman cuando el reloj corre hacia un cambio de inquilino en la Casa Blanca. Hay quien sostiene que se trata de dejar el terreno preparado antes de que la nueva administración pueda revertir el apoyo, y quien cree que es una forma de forzar la mano de los futuros negociadores.
En el fondo late una pregunta que nadie responde con claridad: ¿es esto una apuesta por la victoria ucraniana o una forma de asegurar que Kiev llegue a la mesa con algo que enseñar? La diferencia no es menor. Una cosa es ganar y otra es negociar sin haber perdido del todo.
El argumento del contribuyente europeo
Una parte de la conversación se ha centrado en el coste. Se argumenta que Europa lleva años financiando una guerra que no le pertenece, mientras los ciudadanos ven cómo se deterioran sus servicios públicos. La pregunta, formulada sin rodeos, es por qué debería importarle a un español, a un francés o a un italiano lo que ocurra en el Donbás.
La respuesta oficial es la seguridad colectiva: si Rusia gana, el siguiente en la lista podría ser Moldavia o cualquier país báltico. La respuesta no oficial es más incómoda: la industria de defensa europea se ha convertido en uno de los pocos sectores que crece, y eso también explica por qué nadie tiene prisa por parar.
El fantasma nuclear y la retórica de la escalada
El debate ha derivado en un intercambio de amenazas veladas. Se ha llegado a plantear que Ucrania podría desarrollar su propia ojiva en cuestión de meses si Moscú cruza una línea roja, y se ha recordado que Francia dispone de arsenal nuclear suficiente para arrasar la Federación Rusa. Son afirmaciones que se lanzan con ligereza y que conviene leer con distancia: no son análisis técnicos, son formas de presión.
Lo cierto es que la disuasión funciona mientras nadie la pone a prueba. Y aquí nadie parece tener interés en ser el primero en apretar el botón. El problema es que, cuando se juega con fuego, a veces el fuego se enciende solo.
Qué puede pasar ahora
El escenario más probable, a la vista de cómo se ha desarrollado el conflicto, es que los ataques en profundidad se conviertan en rutina y que Moscú responda con la misma moneda: golpeando infraestructura crítica ucraniana y elevando el tono verbal. La negociación, cuando llegue, partirá de una realidad incómoda: Ucrania habrá perdido territorio y Europa habrá gastado una fortuna en una guerra que no ha ganado.
La ironía seca es que nadie ha explicado todavía qué se considera exactamente una victoria. Y sin esa definición, cualquier autorización de misiles es solo una forma de seguir aplazando la respuesta.
Datos clave
- Según Le Figaro, Francia y Reino Unido han autorizado el uso de misiles SCALP/Storm Shadow para atacar en profundidad territorio ruso.
- Estados Unidos ya había autorizado previamente el uso de ATACMS contra objetivos rusos.
- El alcance de los ATACMS autorizados se sitúa en hasta 306 kilómetros.
- Según un medio ucraniano, el ataque contra un depósito de municiones del 67º GRAU en Briansk se llevó a cabo con ATACMS.